Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
O rumor da quietude
Es posible que calificarlo de “peligro” puede resultar exagerado. Pero para mí lo ha sido. Por eso quiero sacarlo a cuento, como una llamada de atención a la gente que por circunstancias de la vida –os llamaría la atención de dónde surgió mi problema, que tanto daño me ha hecho – nos vemos obligados a movernos en silla de ruedas eléctrica. Porque después de cientos de miles de kilómetros yendo de un campo de fútbol a otro por toda la geografía española y poder decir que nunca tuve nada que lamentar, es precisamente desde que eché mano de la tal silla de ruedas con más de un escarmiento…
Al lado derecho del Miño, a su paso por el casco urbano pontino, disfrutamos de unos lugares para paseo verdaderamente bellos. Las autoridades municipales han hecho un esfuerzo y proporcionado a los ourensanos estas vistosas orillas. Pero ojo, que pueden encerrar sorpresas desagradables y hasta especialmente peligrosas. Os cuento mi caso.
Fue el miércoles de la pasada semana. Mañana de lluvia. Confiado había salido con mi silla de ruedas camino del gimnasio Athletic, de Aldara y Nestor, que está en donde arranca la pasarela que sobre el Miño lleva hasta el Centro Comercial. Fui a bajar la pendiente peatonal y que también utilizan esporádicamente vehículos y tomé la precaución de bajar la velocidad. A pesar de ello, a poco de entrar en la rampa, la silla se me desliza, rueda, patina por el trazado húmedo, lenta hacia el fondo hasta que al entrar en la superficie plana, decidió la propia silla parar.
Pero ahí estuvo mi fortuna. Si en lugar de suceder esto en la bajada de Ribeira de Canedo hubiera ocurrido en la de Ribeiriño, de idénticas características, es decir, unos metros más adelante, pues… no quiero ni pensarlo. No hubiera encontrado al final una superficie plana, sino unas escaleras y las hubiera bajado en silla de ruedas. Sin duda alguna. Insisto: la misma marcada pendiente, el mismo piso llano, lavado, húmedo y un desenlace previsiblemente totalmente distinto.
Pasado el susto, lo comento. Y me entero de que ya cuando se hizo esta bajada de Ribeira de Canedo, un grupo de pontinos, al tener idea de que la bonita obra iba a continuar por Ribeiriño, se personaron en el municipio y comentaron la peligrosidad del trazado, esencialmente, por el tipo de suelo y la pendiente, el desnivel. Pero no se tomó la debida nota. Y claro, hay gente que se queja porque incluso yendo a pie impone su respeto, pero en estos días especiales de lluvia..
Vamos, que a mí no me ha pasado nada, susto aparte. Pero revísese, señor Jácome, por si conviene tomar nota y hacer alguna rectificación. O por lo menos, hacer una simple llamada de atención “alto y claro”: ¿Peligro?...
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