Xabier R. Blanco
Sin permiso concedido
En el maletero del chófer de anécdotas no entra tecnología ni otros consumibles que no hayan sido adquiridos a un vendedor a la cara. Además de ser la única fórmula contrastada para que el pequeño comercio que no se dedica al fresco resista en el barrio, el descuento llega cuando se produce una duda técnica o una avería. Pagar un poco de más a cambio de no tener que negociar con la casa acaba saliendo barato.
Hay afamadas firmas de electrodomésticos que sólo despachan a través de canales telemáticos. Venta y asistencia técnica a un clic, reparación mediante servicio de mensajería a la puerta sin salir de casa. La clientela paga un pastizal por las referencias con fotos o vídeo bien currados, sin que pase el filtro de la mano, aunque no suele haber fallos. Hasta que lo hay y te cuentan una historia que te hace desconfiar del móvil. Otra vez.
Tras pasar por la vida negando permisos, una colega alérgica a las cookies, esas migas de unos y ceros que permiten al sistema seguir el rastro de la propensión a picar, se encontró con que el estupendo secador regalado por sus hijos, comprado por internet y servido desde Portugal, cuando tosía se negaba a arrancar durante horas. El manual de instrucciones la llevó a un código QR que escaneó por la confianza que le transmitía la marca. Siguió los pasos que le indicaban y a las segundos fue atendida por teléfono. Explicó lo que le sucedía a un técnico, que le sugirió pasarle un cepillo de pelo suave antes de iniciar el proceso de recogida para reparar el secador en fábrica.
“Y ahora, que se me hace tarde para recoger a mi nieta, dónde voy a encontrar yo un cepillo de pelo fino”, bramó al l teléfono, lamentando no haber comprado en electrodomésticos de toda la vida o a en gran superficie con currantes de la ciudad. Al cambiar de habitación se dio cuenta de que la cámara del móvil estaba grabando y al pasar por el tocador escuchó: “Ese cepillito, ese cepillito vale”. Ella protestó por la activación de la cámara sin aviso, el técnico contestó con naturalidad: “No se preocupe, ya la conecté yo. Pase el cepillito por el botón de encendido, si continúa el problema nos vuelve a llamar para proceder a recoger el secador”. Y en algún momento del proceso habrá consentido sin permiso.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último