La peste neumónica
TRIBUNA
Hace unos años descubrí una excelente novela del escrito francés Patrick Deville. “Peste & Colera” es la biografía novelada del eminente bacteriólogo Alexandre Yersin (1863-1943), que en 1894 descubrió el bacilo de la peste, una enfermedad que durante siglos aterrorizo a la humanidad, llegando a ser considerada una amenaza real de nuestra extinción en este planeta.
En honor de este sabio aventurero investigador suizo, la bacteria pasó a denominarse Yersinia pestis. Hoy traemos a colación este descubrimiento ante las recientes noticias inquietantes procedentes de Siberia, donde la muerte de una investigadora en un laboratorio de alta seguridad de Irkust (Rusia) ha despertado los fantasmas de una plaga histórica.
De momento, las autoridades sanitarias recomiendan prudencia. En estas cuestiones no existen peores enemigos que la desinformación y el alarmismo. Ahora es el momento de la vigilancia epidemiológica.
Y es que indefectiblemente la peste pertenece al imaginario de las grandes catástrofes sanitarias, el de las epidemias que durante siglos diezmaron poblaciones enteras, cambiando incluso en curso de la historia.
Este enfermedad continúa presente en algunas regiones del mundo, y todos los años se registran casos localizados. En estas zonas endémicas la bacteria sobrevive en pequeñas poblaciones de mamíferos cuyas pulgas pueden afectar a los humanos, como por ejemplo en Madagascar, la República Democrática del Congo, que entre ambos concentraron el 98% de los casos declarados a nivel mundial entre 2019 y 2025; pero también en Perú, el Oeste de los EEUU y Asia central y oriental, en países como China y Mongolia.
En nuestro interconectado mundo, la prevención depende de detectar rápidamente los casos sospechosos, garantizar la seguridad de los laboratorios y compartir información sanitaria fiable.
En el caso concreto de la mujer rusa, su fallecimiento se produjo tras el padecimiento de una neumonía grave de origen desconocido y de evolución rápida, como ocurre con la peste neumónica.
Yersinia pestis es la causa de las dos formas mortales de la peste. Por una parte, la neumónica, que afecta a los pulmones y cursa con fiebre, escalofríos, tos, cefalea, dolor torácico y dificultad para respirar. Se transmite por a través del aire mediante el contacto con las personas infectadas. Sin el tratamiento antibiótico inmediato, afortunadamente efectivo, puede matar al enfermo en poco tiempo.
La otra presentación es la peste bubónica, que afecta principalmente a los ganglios linfáticos. Éstos se inflaman y se transforman en bultos dolorosos y supurantes denominados bubones. La transmisión se produce a través de la picadura de pulgas infectadas, y para propagarse entre personas debe evolucionar a la forma neumónica.
En nuestro interconectado mundo, la prevención depende de detectar rápidamente los casos sospechosos, garantizar la seguridad de los laboratorios y compartir información sanitaria fiable.
Afortunadamente, la peste neumónica no representa una amenaza comparable a las grandes epidemias del pasado, pero tampoco debemos subestimarla. La ciencia dispone de herramientas potentes y eficaces; la transparencia y la rapidez siguen siendo esenciales para neutralizarla a tiempo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último