Miguel Abad Vila
TRIBUNA
La peste neumónica
Han pasado casi ocho años, pero nada ha cambiado. Corría el 21 de octubre de 2018. El lugar, el campo de Barreiro, en Vigo. Allí jugaba el Celta B ante el Real Madrid Castilla en la todavía Segunda B. Con el equipo entrenado por Solari jugaba Vinícius Júnior, un proyecto de crack que había fichado el conjunto blanco y que empezaba en el filial para hacer la mili. Poco duró allí. Sus cualidades le llevaron pronto a la élite, donde sigue. Pero eso día, el brasileño ya la montó. En un campo de Segunda B. Metió un golazo y, luego, se fue expulsado. Lo hizo encarándose con una grada de, repito, Segunda B. Gestos, palabras, todo siendo separado por sus compañeros. No había marcado en Champions, no había montado escándalos, había más jugadores de raza negra sobre el césped… No había antecedentes, y Vinícius ya hizo el ridículo.
Han pasado casi ocho años, pero nada ha cambiado. Nadie en una institución con los recursos del Real Madrid ha podido ponerle solución a sus comportamientos.
Han pasado casi ocho años, pero nada ha cambiado. Nadie en una institución con los recursos del Real Madrid ha podido ponerle solución a sus comportamientos. Ha mandado a tantos equipos a Segunda que habría que hacer dos grupos para reunirlos a todos. En sus redes sociales aparece tanto la palabra “perdón” que parecen una edición moderna de La Biblia. Está convencido de que el mundo está contra él. Pero sus niñatadas se remontan a la época en la que el mundo casi ni sabía de él. Y una buena parte del madridismo está hasta el moño.
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