Pili y Mili

Publicado: 17 feb 2025 - 00:15
PILI Y MILI
PILI Y MILI | José Paz

Al hablar de Pili y Mili, para los más veteranos es inevitable rememorar a aquel par de gemelas zaragozanas que hicieron historia protagonizando 10 películas en el cine entre 1963 y 1970, participando en 1965 en TV española con el programa Sábado 64, separándose en 1970 cuando Mili se casó con un empresario de espectáculos de México, donde desarrolló una profusa carrera como directora cinematográfica, mientras Pili, rebautizada con el nombre de pila y artístico Pilar Bayona, retomaba la suya como actriz en solitario.

Desde un punto de vista más personal y prosaico, en mi adolescencia conocí a dos muchachas a las que, sin tener parentesco, les unía una gran amistad. Pili era delgada, de ojos azules y cabello castaño. Mili, por el contrario, andaba sobrada de carnes y, siendo chaparrita, tenía los ojos castaños y el pelo negro.

Mientras Pili se antojaba una mística, absolutamente alejada de cualquier apetito carnal, Mili se esforzaba infructuosamente a diario, desde horas tempranas, casi se diría que desde maitines, en la caza de cualquier mozuelo que estuviera dispuesto a requebrarla.

El tiempo, ese que todo el mundo sabe que no vuelve ni tropieza, fue transcurriendo, mientras la pubertad daba paso a la juventud y la ironía a las paradojas. Así fue como, tras un tórrido verano deleitándose a la vera del río, Pili apareció teñida de rubio, del brazo de un pujante empresario de la noche, en tanto Mili se rapaba la cabeza para tocarse con el griñón de beata, profesando en una orden de mendicantes.

Pudiera ser que el relato de todos estos acontecimientos fuera pura ficción y que, si guardasen algún parecido con la realidad, pudiera ser pura coincidencia

No bien pasó un año, Pili había conseguido convencer a su novio alcahuete para que, vestida de blanco, la llevara al altar, no tardando mucho más allá de otro año en conseguir el divorcio, la casa, el coche y el puticlub del exmarido, quien, arruinado, acabó pidiendo asilo en el convento donde Mili se entregaba al rezo, los pobres y el ayuno.

Dueña de pleno dominio de la barraganería, Pili se convirtió en madame. Asombraba el aparente interés en defensa de las trabajadoras sexuales que en su local ejercían, aunque pronto quedó manifiesto que su protección obedecía más a sus propios intereses que al de las infelices meretrices, a las que, por otro lado, menospreciaba por ser simples prostitutas, ya que, considerando su entrepierna una pingüe caja de caudales, le motivaba su oficio de maestra de ceremonias en el prostíbulo, lupanar, casa de lenocinio o casa de putas, que el rufián de su exmarido, mediando sentencia, en su día le cedió.

Distinta suerte corrió Mili, quien en el convento se desvivía para que “sus pobres” tuvieran un plato caliente al menos una vez al día. Garbanzos, guisantes, alubias o lentejas, cualquier legumbre hervida en viudo le valía. Cierto que Mili conseguía cuantiosas donaciones de las autoridades, suficiente como para reinsertar a aquellos indigentes en una vida integradora y digna, pero si hay una convicción que Mili albergaba en el fondo de su corazón es que ella amaba a sus pobres y, si les daba una caña y les enseñaba a pescar, dejarían de serlo, y ella de complacerse en el gozo de una vida de santurrona, hipócrita, mojigata, meapilas, remilgada y puritana.

Todo lo aparente entra dentro de lo posible y lo probable; pudiera ser que el relato de todos estos acontecimientos fuera pura ficción y que, si guardasen algún parecido con la realidad, pudiera ser pura coincidencia.

Y hablando del tema, ¿alguien sabe qué fue de aquel par de amigos -dicen que técnicos superiores en mariscada-, que a estas horas deben estar chupando caramelos para la garganta, después de haberse quedado afónicos en su absurda manifestación contra la oposición, por no “aprobar” el decreto ómnibus? Aparte del ridículo de ser cuatro gatos jugando al tute, que no se presentaran ni los suyos y que aún no hayan dimitido, ¿no están tardando en convocar otra manifestación por la fiscalidad del Salario Mínimo Interprofesional -esta vez contra la otra mitad del Gobierno-, aunque ya se haya prestado el PP para sacar a la ministra de Trabajo del atolladero?

Y por cierto, ¡qué habrá sido de Pili y Mili!

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