Jorge Vázquez
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El pit wall de cada lunes
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Hace tres semanas arrancó la temporada 2026 de Fórmula 1 y, como cada año, me senté delante del televisor con la misma mezcla de expectación y nerviosismo que siento al abrir la primera reunión de la semana. No es casual. Con los años he descubierto que pocas disciplinas se parecen tanto a dirigir una empresa como pilotar un monoplaza, o mejor dicho, como gestionar el equipo que hay detrás. Porque en la F1, al igual que en los negocios, rara vez gana el más rápido. Gana quien mejor decide, se adapta y tiene una organización capaz de funcionar bajo presión.
Esta temporada es especialmente reveladora. La nueva regulación técnica ha cambiado las reglas del juego con motores más eficientes, aerodinámica distinta y combustibles sostenibles. Equipos que dominaban hace poco ahora luchan por puntuar, mientras otros se han reinventado. Mercedes, tras años a la sombra de Red Bull, ha vuelto a lo más alto con dos victorias en las primeras dos carreras. No lo ha conseguido fichando al piloto más caro del mercado ni copiando a otros, sino apostando por un concepto propio, manteniendo la calma y confiando en su gente.
Eso es liderazgo. No es el discurso del jefe carismático, sino la capacidad de tomar decisiones a largo plazo, aguantar la presión cuando los resultados no llegan y detectar talento joven cuando la tentación es buscar experiencia probada. En Redegal lo vivimos constantemente, y es que cuando apostamos por perfiles junior o invertimos en producto propio, hacemos lo mismo que un equipo de F1 diseñando para una regulación que aún no existe.
Pero lo que más me fascina de la Fórmula 1 es el pit wall, ese muro, donde ingenieros y estrategas toman decisiones que pueden cambiar una carrera en segundos. Entrar en boxes ahora o esperar, arriesgar con un neumático blando o ir a lo seguro, cambiar la estrategia por una lluvia inesperada. ¿Les suena? A mí, cada lunes por la mañana. A ese momento de decidir si lanzamos esa propuesta comercial ahora o la pulimos una semana más, a elegir entre el proyecto seguro que nos da margen y el proyecto ambicioso que nos posiciona, pero tiene riesgo o a reorganizar el equipo a mitad de trimestre porque un cliente ha cambiado de prioridades y hay que pivotar sin perder velocidad. La empresa es una carrera de resistencia con decisiones de sprint.
La F1 también enseña sobre la derrota
Hay otra lección que la F1 nos regala esta temporada y que tiene que ver con la importancia de la cultura de equipo. Cadillac acaba de debutar como escudería, algo que no ocurría desde hace años. Han montado un equipo desde cero, con presupuesto, ingenieros contratados de otras estructuras y toda la infraestructura necesaria. Y, sin embargo, están en la cola de la parrilla. ¿Por qué? Porque un equipo no se construye solo con dinero y nombres, sino con tiempo, con confianza mutua, con errores compartidos y con una cultura que solo se forja cuando las cosas salen mal y la gente no se señala, sino que se remanga.
Lo he vivido en primera persona. Cuando fundé Redegal con veintidós años, no tenía apenas infraestructura. Solo contaba con un grupo pequeño de personas que creían en lo mismo y que estaban dispuestas a aprender juntas. Hoy, con ciento sesenta profesionales en varios países, sigo convencido de que la cultura, la capacidad de aprender, equivocarse y corregir juntos, es nuestra mayor ventaja competitiva, más que cualquier tecnología.
La F1 también enseña sobre la derrota. Verstappen, el gran dominador de los últimos años, ha empezado la temporada con dificultades, pues Red Bull ya no tiene el mejor coche. Ahí es donde se ve el campeón, no en la victoria, sino en la adversidad. Las empresas que solo funcionan cuando todo va bien son frágiles. En cambio, las que compiten cuando el mercado se pone en contra son las que perduran.
Así que, cada domingo veo la F1 con ojos de empresario. Y cada lunes me siento en mi propio pit wall, con mi equipo, tomando las mejores decisiones con información incompleta, bajo presión y con la certeza de que no hay vuelta de reconocimiento; cada día es una carrera. La diferencia la marca quien mantiene la cabeza fría cuando todos los demás aceleran sin pensar.
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