VÍA DE SERVICIO
En busca de la síntesis
Unos dias Donald Trump amenaza con desmantelar las bases norteamericanas en los países europeos que, como España, se atreven a rechistar. Otros la amenaza es la voladura de la OTAN.
¿Va a sacar Donald Trump a Estados Unidos de la OTAN? El presidente norteamericano viene amagando con esa posibilidad y puede que la lleve a cabo. No sé si es mucho suponer que el resto de los presidentes de los países que forman parte de la OTAN ya tienen un plan B, por si eso sucede.
Decida lo que decida Donald Trump, me parece a mí que, en vez de desempolvar el viejo y manido antinorteamericanismo de los años setenta, que tanto gusta a cierta izquierda, lo que deberían hacer los dirigentes de los países que forman parte de la OTAN es tomarse en serio que Europa necesita un plan serio de Defensa. Y sí, la Defensa cuesta dinero. Hasta ahora Estados Unidos ejercía el papel de “primo de Zumosol” y bajo su paraguas los gobiernos europeos dormían tranquilos. Pero es una ingenuidad mirar el mundo y la política como si fuera una foto en la que nada se mueve porque el instante en que se hizo la foto se ha quedado ahí congelado.
El mundo en 2026 no tiene nada que ver a cómo era en 1945. Ni los actores, ni los desafíos, ni las necesidades son las mismas que antaño. Si en algo tiene razón Donald Trump es en que Europa se ha quedado anclada en el pasado y ha renunciado a ser un actor comprometido con su propia historia.
La Europa que “inventaba”, la Europa que “creaba”, la Europa que “pensaba”, la Europa que “irradiaba” sus conocimientos y su talento hacia otros lugares, se ha convertido en una señorona que vive de las glorias del pasado, sin poner en hora el reloj del presente.
No me cansaré de repetir lo evidente: Europa es hoy un gran parque temático donde llegan turistas del resto del mundo a fotografiarse con los monumentos y las obras de arte que han sido parte de su ADN, de su identidad.
No sé qué pasará si finalmente Trump decide dar una patada al tablero y decide sacar a Estados Unidos de la OTAN, pero pienso que si así fuera, a lo mejor los gobiernos europeos no tendrían otro remedio que salir de su zona de confort y de reconducir a nuestro continente a enfrentar el desafío de apostar por la investigación, la creación, el talento... Ya saben lo que dice el refrán: no hay mal que por bien no venga. De manera que los ciudadanos lo menos que podemos exigir a nuestros gobernantes es que ya estén pensando o incluso tengan preparado un plan B.
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