Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Una política ante Marruecos
CAMPO DO DESAFÍO
Ahora que el cine trae a la actualidad la enorme figura de Charles de Gaulle, La batalla De Gaulle (2026), quizá reparemos en uno de los intelectuales más discretos de aquella época tan bien pertrechada de ellos. Me refiero a Raymond Aron, antagonista de Sartre y del comunismo y, por ponerlo en positivo, acérrimo defensor de la democracia liberal. Aron ha dejado muchos libros hoy descontextualizados por el paso del tiempo y las circunstancias cambiantes, pero su finísimo olfato para el análisis sociológico, siguiendo la estela de Max Weber, ha dejado un sinfín de frases cargadas de buen sentido sobre el ejercicio de la política. Así, por ejemplo, nos recuerda algo tan necesario y obvio como que “la acción política es una respuesta a las circunstancias”.
Viene a cuento, este largo preámbulo, de la crisis que hace ahora 18 días estalló en Ceuta con la entrada -asalto o invasión son términos demasiado guerreros- de, ahora se da por buena la cifra, 80.000 marroquíes y subsaharianos. Ni la frontera alauí, ni la española, los puestos fronterizos, me refiero, ejercieron como tales. Bien al contrario, dirigieron el tráfico de la marea humana como un fenómeno cotidiano, ordinario y pacífico. No estamos todavía repuestos de los muchos significados que se pueden derivar de aquellas imágenes, el más ingenuo de los cuales sería el de la máxima prudencia ante la dimensión de la marea humana y las consecuencias que se hubieran podido desencadenar si la actitud de la policía de fronteras hubiera sido otra.
El Gobierno español, y tiempo ha tenido, ha intentado todo tipo de balbuceos, que no explicaciones, sobre las circunstancias que rodearon esta entrada descontrolada y desmesurada de potenciales migrantes, pero lo que no ha hecho todavía, siguiendo el sintético pensamiento de Aron, es aplicar y explicar una política ceñida a las circunstancias. Una política que aclare los antecedentes de lo ocurrido, las gestiones llevadas a cabo con las autoridades marroquíes mientras el fenómeno se precipitaba y, lo vivimos todavía hoy, cuál es la política efectiva a aplicar sobre los 8.000 migrantes que deambulan por las calles de Ceuta y, lo más importante, cuál es la política de Estado, donde el PP debe participar, que rige las relaciones con la impenetrable, en su estrategia de fondo, monarquía de Mohamed VI.
El caso de Ceuta y la falta de reacciones efectivas, fronterizas, políticas y humanitarias, del Gobierno español ha destapado una mezcla de improvisación, negligencia e impotencia hasta extremos inimaginables. Urgen las explicaciones detalladas y la asunción de responsabilidades. En la espera, el viejo Raymond Aron deja otra frase, en este caso para espíritus progresistas y algo cándidos, como el mío: “Una buena política se mide por su efectividad, no por su virtud”.
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