¿Por qué los políticos se suben a cosas?

EL ÁLAMO

Publicado: 19 mar 2026 - 03:40
Opinión en La Región
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En la Feria de Educación, Formación y Empleo celebrada en el Pazo de Feiras, en Lugo, tanto el conselleiro de Educación como la presidenta de la Diputación tuvieron a bien culminar la inauguración subiéndose a un globo aerostático del Ejército del Aire para un vuelo de exhibición. En realidad, la exhibición fue ver cómo un golpe de aire mandaba el globo al carajo con ambos políticos en el interior, y la cara de pánico con la que abandonaron la experiencia, que por otra parte es habitual en esta cita. En ningún momento llegó a temerse por su vida porque todo ocurrió en tierra, lo que hace el batacazo aún más lamentable y risible.

Debemos conservar a aquellos que hemos votado porque, de lo contrario, estaríamos todo el maldito día de elecciones y, por tanto, soportando interminables campañas y viendo caer helicópteros y globos aerostáticos

Celebro, faltaría más, que ambos hayan sobrevivido a tan excitante aventura. En todas mis visitas escolares a lugares potencialmente peligrosos ocurrieron cosas imprevistas que me han convencido de adoptar ante la vida un pesimismo prudencial hacia la mecánica que desconozco, que es la mayoría. El helicóptero del Ejército se puso en marcha cuando no debía, alguien pulsó el botón que no debía pulsar en el barco militar que visitamos en el arsenal de Ferrol, y en una planta de embotellamiento, el sistema se volvió loco y empezaron a caer cientos de botellas de cristal al suelo. Estas experiencias de niño me han dejado huella.

El asunto del globo me ha recordado a muchos otros incidentes que podrían haberse evitado si los políticos no tuvieran esa pulsión por ser el novio en todas las bodas y el muerto en todos los funerales. Recordemos cuando Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy volvieron a nacer, después de un vuelo accidentado, cuando se disponían a hacer una visita aérea al municipio de Móstoles despegando en helicóptero desde la plaza de toros. ¿Qué necesidad?

En defensa del político común: no es culpa suya. Durante los años que fui asesor del ministro de Cultura del Gobierno de España, asistí mil veces al modo imprudente en que los colaboradores más cercanos al político se empeñan siempre en sacarlo a bailar, programando actividades totalmente innecesarias y sobreactuadas bajo el pretexto de que eso llama la atención y les acerca al pueblo. Por suerte, mi ministro no se prestaba bobadas. También llama la atención estrangular en público a un asesor idiota y casi ninguno lo hace.

La tendencia al riesgo se vuelve locura en campaña. Hace unos días vimos a Feijoo batiendo heroicamente a un portero inmóvil en un lance aislado de balonmano. Pose perfecta, técnica depurada, y gol. Eso es lo que sale en la foto. Lo que no sale es que –que lo desmienta si levanto falso testimonio- apuesto a que después pasó tres noches abrazado a los calmantes y la manta eléctrica por un mal estiramiento en músculos que, a cualquier adulto, se le vuelven objetos de adorno con el paso de los años.

Luego está el caso de Almeida, inasequible al desaliento en su empeño por causar muerte y destrucción a su alrededor, cada vez que en un acto oficial alguien saca un balón de fútbol. No estoy seguro de que el mejor reclamo de campaña electoral para un alcalde sea romperle los dientes a un niño de un balonazo, pero igual es que mis conocimientos sobre consultoría y estrategia política se han quedado anticuados.

Antes de la democracia, los políticos no tenían la obligación de caer bien a la gente. Esto tenía sus ventajas. Si lo piensas, que un político te caiga bien o mal es poco importante si después cumple notablemente con sus funciones. Con la llegada de las campañas electorales, los políticos trataron de escenificar que no son nadie especial, que son uno más, haciendo cosas extrañísimas y convirtiéndose paradójicamente en seres aún más distantes. Desde hace algunos años vivimos en permanentemente campaña electoral, de modo que los vemos lanzando penaltis, subiéndose a cosas, haciendo cameos en televisión, y grabándose tiktoks adolescentes sin rubor y a todas horas.

Nos guste o no, la vida de nuestros políticos es un poco más importante que la de la media nacional, no en términos morales por supuesto, sino pragmáticos. Debemos conservar a aquellos que hemos votado porque, de lo contrario, estaríamos todo el maldito día de elecciones y, por tanto, soportando interminables campañas y viendo caer helicópteros y globos aerostáticos. Y se me ocurre un truco muy sencillo para evitar, en este caso, un accidente de globo, pero aplicado a todos los políticos y a todos los posibles riesgos mortales que los acechan: no subirse a cosas que no sean imprescindibles. Síganme para más consejos de bricolaje.

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