Miguel Abad Vila
VIDA SANA
Prevenir hoy, salvar mañana
El Gobierno confunde y tergiversa, mediante una acción irresponsable, para enfrentar a la ciudadanía, deporte olímpico que inició el nefasto -y cada día más cuestionado -ZP,- seguido de su pupilo Pedro Sánchez, sin importarle hundir al PSOE con tal de mantenerse en el periquito. Una actitud basada en la falacia, la falsedad y la mentira, acusando a quien critique o frene todas sus tropelías, de faschosfera, máquina del fango, poder paralelo de la justicia, y todo cuanto sea necesario para enzurullar al pueblo sin bajar de la poltrona. Su única ambición y fin.
En esa línea, coincidiendo con la época de Zapatero, la izquierda occidental de los estados democráticos descubrió el rendimiento electoral que le proporcionaba consentir a las minorías, dejando de legislar para las mayorías.
Esta actitud se tradujo en acciones del todo absurdas. Los animalistas han concurrido como formación política a distintas elecciones sin obtener jamás ni un solo escaño. De modo que, llega a Moncloa la minoría/bisagra de Podemos, y la florecilla silvestre de Ione Belarra, le casca al respetable una ley de protección animal al que limita, mientras criminaliza al propietario.
Pero, ojo, que no fue una norma que obedeciera a una necesidad por carecer de una reglamentación profusa sobre la materia, sino por pura soberbia e ignorancia, dando como resultado problemas de superpoblación de especies en espacios protegidos, el riesgo de la acción de animales salvajes en entornos humanos, como es el caso de los jabalíes en las ciudades, o directamente el peligro para la salud pública que pueda suponer la presencia de animales de compañía en establecimientos donde se sirven comidas, más aún después del coste humano, social y económico de la pandemia del covid-19, probablemente transmitida por perros mapache desde el mercado de Wuhan.
La reacción del político es invariable: “Hay que legislar”. Nadie habla de educar, de prevenir...
¿Que se invierte la pirámide poblacional por culpa del descenso de nacimientos? No hay problema, una panda de descerebrados logra que se apruebe una legislación que, en lugar de buscar el fomento de la natalidad, provoque una crisis migratoria de ilegales que saturan un sistema social ya de por sí sobrecargado. Para todo lo demás, se aprueba una ley del aborto que conduce a la sociedad a la incoherencia de interrumpir la vida humana en proceso de gestación mientras, ante la eventualidad de estar infectado con el virus del ébola y para evitar la propagación de la fiebre hemorrágica en la población española, esa minoría empoderada se manifiestan en contra del sacrificio de un chucho.
Aunque la que se lleva la palma es la brutal muerte de una joven de 25 años, que debería estar disfrutando de una vida destruida por la dejadez de las autoridades y el legislador. Porque en lo que a la prevención del suicidio se refiere, lo que el político busca es una balsa de aceite que no lo señale. Por frívolo que parezca, cada suicidio sirve para subsidiar a asociaciones que dejan más clara su dedicación que su actividad, donde corpúsculos disfrutan de un estatus paralelo al de funcionario público hasta su jubilación, sin mayor mérito que el de, a la vista de un óbito, presentarse en las plazas públicas encendiendo velas y reclamando a los libre designados -desde el concejal hasta el presidente, pasando por todos los gobiernos, locales, autonómicos, central; diputaciones y toda la feria de vanidades de las direcciones generales de todos los ministerios- que los unten con nuevas subvenciones para preservar su puesto de trabajo.
La reacción del político es invariable: “Hay que legislar”. Nadie habla de educar, de prevenir... No, todo se reduce a aprobar nuevas leyes que limiten cada vez más al ciudadano. Hay ley y presupuesto para el Hodio, que no deja de ser un intento de amordazar a quien no comulgue con la rueda de molino sanchista, pero la prevención del suicidio se reduce a la aprobación de una ley de eutanasia; y no, no es lo mismo proteger al ciudadano que empujarlo sucesivamente al suicidio tras la más absoluta indefensión, para lavarse luego las manos allanando el camino a un suicidio asistido en lugar de haberle facilitado apoyo y medios para una existencia digna.
Todas estas leyes no solo se aprobaron porque la izquierda las impulsara, embelesada por minorías, sino porque la derecha, acomplejada y temerosa de ser llamada fascista, consiente con todas estas barbaridades, omitiendo que primero es el país y después los partidos, porque la estabilidad de una nación se construye entre todos, no contra nadie.
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