El PSOE de antes, ¿El PSOE “bueno”?

Publicado: 16 nov 2023 - 06:03

En el 2 de mayo de 1879, 25 personas se reunieron en una taberna en pleno centro de Madrid. El líder, Pablo Iglesias Posse, era un tipógrafo que reunió a sus amigos para fundar un partido político. Nace el Partido Socialista Obrero Español, el PSOE. Los años siguientes son el reflejo de cualquier movimiento en sus inicios. Nacen agrupaciones satélites, como el sindicato UGT; mucho esfuerzo no remunerado, trabajo tirado a la basura y pocos resultados. No sería hasta 1910 que el propio Pablo Iglesias logra un escaño por primera vez en el Parlamento.

Y ahí empieza todo. Comienza, lenta pero inexorablemente, la toma del poder, al que ya jamás renunciarían desde entonces. La Ascensión del partido a “Partido de Estado”. La absoluta fusión del PSOE con las instituciones españolas.

Iglesias Posse siempre apostó por la revolución, y nunca escatimó en amenazas. En el 1910 en el Parlamento, tras anunciar que su partido “luchará en la legalidad mientras pueda y saldrá de ella cuando deba” añadió, “para evitar que Maura suba al poder debe llegarse hasta el atentado personal”. La primera gran acción extraparlamentaria fue la huelga general revolucionaria de 1917, con la que intentó tumbar el sistema de la restauración y forzar una revolución, aunque sin lograr su objetivo.

Su gran crecimiento se dio en los 20, después del pacto con Primo de Rivera para apoyar su gobierno, por el que quedaron indemnes de las políticas represoras del régimen y pudieron capitalizar su posterior traición a este presentándose como la alternativa rupturista al sistema. Largo Caballero fue el artífice de este proceso, que convirtió a este partido y sus sindicatos en una de las grandes fuerzas de la II República. Sin embargo, siempre apostó por la subversión de la república y el inicio de la violencia revolucionaria en las calles, pero sus posturas se veían obstruidas por el colaboracionismo de Indalecio Prieto. Es debido a la influencia de la facción de Prieto la colaboración con Azaña y a la de Largo Caballero con el PCE y la “pasividad” del PSOE durante la mayor parte de la República, además, el equilibrio entre ambas llevó a la participación del PSOE en el Frente Popular.

De todas maneras, esto no impidió que Caballero fuera capaz de participar en la aciaga revolución del 34, que tuvo mayor incidencia en Asturias. Tampoco buscaron limitar la participación de la Federación de Juventudes Socialistas en el fenómeno del pistolerismo tan característico de la época sino más bien buscaron promoverlo. De hecho, Calvo Sotelo fue asesinado por “La Motorizada”, la guardia personal del mismísimo Indalecio Prieto.

Ya en el contexto del 36 Largo Caballero acabaría por instalarse en el gabinete del gobierno colaborando con Azaña. Con la insurrección militar Caballero empezaría a valorar la posibilidad de cooptar el control de la República y traer finalmente la revolución comunista a España en ese momento de debilidad gubernamental. Con esto en mente promovería la controvertida revolución social del 1936 cooperando con los anarquistas, lesionado el esfuerzo bélico republicano en la Guerra Civil. A raíz de su radicalización el mismo Stalin tuvo que pedirle moderación en el 37. El PSOE este periodo sería responsable de matanzas, checas, paseíllos, sacas, fosas y tantas otras barbaridades que afloraron durante el conflicto, además del famoso robo del banco de España, el oro de Moscú.

Terminó la Guerra, muchos taparon su camisa roja o la cambiaron por una azul. Otros se fueron a la oposición en el extranjero. Sus antiguos líderes en el exilio, especialmente Llopis, irían perdiendo sus convicciones y moderando sus opiniones, sentando las bases que darían lugar al futuro congreso de Suresnes. La cuestión es que en el 75 muere Franco y empezaron a surgir socialistas de debajo de las piedras. Muchos juraban que estaban en un “exilio interior”, y que habían mantenido intacta su fe socialista durante décadas de colaboracionismo. Paralelamente en el 74 una nueva juventud rupturista derrocó a los líderes en el exilio en Suresnes, formando finalmente el PSOE que todos conocemos. Es a partir de estas fechas que la nueva cabeza del partido, Felipe González, empezó a recibir lo que los socialistas llamaban “El oro del Rin”, esto es, la abundantísima financiación del SPD que organizó Willy Brandt, cuyo objetivo era convertir al PSOE en un nuevo partido de corte socialdemócrata, europeísta y pro-occidental. Y aunque ciertamente el PSOE recibió financiación de numerosos partidos y asociaciones en los 70 (entre ellos la controvertida financiación del corrupto venezolano Carlos Andrés Pérez), el dinero alemán acabó por volverse fundamental. El objetivo era asegurar, por decirlo así, una “transición controlada” de España, en la que el resultado fuese favorable para el Gobierno federal de Bonn, y, por extensión, a Washington, pues todo el proceso de la transición y el control del comunismo fue cercanamente monitoreado por la CIA.

Consciente de quién le pagaba, Felipe tuvo que iniciar una encarnizada batalla en el partido por abandonar el marxismo, que culminó con el Congreso Extraordinario de 1979 y su victoria. Las cuentas del PSOE fueron abultándose, deglutiendo todos los partidos socialistas periféricos de la Península y alcanzando cuotas de financiación estratosféricas, llegando Federico Ysart a declarar “No se entiende si no hay marcos o bolívares venezolanos por medio como el PSOE puede afrontar su presupuesto electoral”. Tal era la naturaleza de lo que algunos llamaban “El partido de la opulencia”. De cualquier manera, lo cierto es que mediante una controvertida y opaca financiación cuyos detalles hoy siguen estudiando los historiadores, el PSOE pudo erigirse como la mayor fuerza política tras el estrepitoso colapso de la UCD, y fue capaz de hacerse con el Gobierno en 1982. Al fin habían tomado el poder.

Son los años de la cal viva, del terrorismo de Estado, de la corrupción normalizada, de Filesa, Ibercorp y Roldán. De la politización del poder judicial con la ley de 1985. Los años de poner bases americanas y desindustrializar España bailando al son de la CIA y de Europa. Los años del Felipato, en los que González hizo y deshizo a su antojo a la vez que pudo pagar todos los favores que debía a sus amigos internacionales. Años en los que mientras los bolsillos socialistas se llenaban, las deudas del Estado crecían. Solo tras los innumerables abusos durante más de una década el PSOE fue capaz de caer, con el ascenso de Aznar.

Tras 8 años alejados del Gobierno, el PSOE echó de menos su lugar natural. Estamos en 2004 y José Luis Rodríguez Zapatero es la cabeza del Partido. Llega el 11 de marzo: a tres días de las elecciones, 10 bombas estallan en 4 trenes. Se suceden las acusaciones, las manifestaciones “espontáneas”, los programas de televisión y los engaños. Sea como sea, los atentados provocan un vuelco electoral y el 14 de marzo de 2004, el PSOE gana las elecciones con holgura. Hasta 2011 se suceden 7 años de cambio profundo. Leyes del aborto, matrimonio homosexual, violencia de género... Toda una operación de transformación de España. Se desenterraron viejos debates como el de la Guerra Civil, se rompió el olvido del 78 y el PSOE reformó su discurso para estar acorde a los nuevos vientos del relato cultural internacional. Sumado todo a una gran crisis económica que se negó por activa y por pasiva para no soltar el timón en 2008. Con éxito, por cierto, porque el Partido se mantuvo en el poder, aun a costa de la salud financiera del país.

El PSOE volvió a perder, y hasta 2018 fue incapaz de levantar cabeza. Tras una moción de censura a Rajoy, el PSOE toma las riendas de nuevo, de mano de Pedro Sánchez. Y así hasta hoy, 4 años, una pandemia, una profundísima crisis (otra vez) económica, y decenas de leyes ideológicas que consiguen que a España no la conozca “ni la madre que la parió” (sic. Alfonso Guerra).

Sánchez busca asentarse en el poder, y si tiene que pactar la amnistía y darle todo a los catalanes lo hará. Porque no se busca proteger la nación, ni el bien común, ni la sociedad española. Sino se busca la total subordinación de España a los intereses del PSOE. Tal es la única ideología del PSOE y lleva siéndolo desde hace mucho más de lo que la mayoría piensa.

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