El régimen de Sánchez

EL ÁLAMO

Publicado: 17 sep 2026 - 03:41
Itxu Díaz
Itxu Díaz | La Región

Cuando denunciamos que la democracia está siendo atacada en España, siempre hay alguno que arruga la nariz, nos llama “exagerados”, o suelta la cansina y estúpida cantinela de que “la UE nunca lo permitiría”. La UE hizo todo lo posible para cargarse un Gobierno legítimo y votado por los ciudadanos en Hungría, sin ir más lejos, y no cesó en ataques y presiones hasta que situó a los “moderados” en el poder húngaro, momento que dichos “moderados” aprovecharon para iniciar una caza del disidente contra dirigentes, periodistas, y líderes del gobierno anterior, que era el supuestamente autoritario. Esa es la UE de Von der Leyen y sigue sin enterarse de nada de lo que está ocurriendo en España bajo el régimen sanchista, porque hay que empezar a llamarle con propiedad a esto antes de que sea demasiado tarde.

El escrito de la juez Biedma, que investigaba casos de corrupción del entorno del presidente del Gobierno, denunciando que la cloaca del PSOE de Leire Díez contactó con clanes de narcotráfico para actuar contra ella, es la enésima prueba de que todos los pilares del Estado de derecho y de la democracia española están siendo o han sido dinamitados por la banda de Sánchez. La juez dispone de documentación que demuestra “la existencia de contactos promovidos por el supuesto grupo criminal investigado con personas vinculadas a un conocido clan asentado en la ciudad de Badajoz”, con la intención de “comprometer su seguridad personal”. Hasta la mafia siciliana es más sutil.

Todavía no nos habíamos repuesto de las listas negras de periodistas disidentes elaboradas por el Ministerio del Interior, ni del intento de manipular el censo electoral de cara a las próximas elecciones, ni de la sumisión y cesión de soberanía a un país hostil como Marruecos. Todavía no habíamos digerido las traiciones, las canalladas y las mentiras de los últimos diez días, y ya tenemos nuevas pruebas de la inmensa podredumbre que crece alrededor de Pedro Sánchez, que no deja una sola institución sin pervertir y ni un solo contrapoder a su poder que pueda ejercer sus funciones en libertad.

Los mecanismos internos de extirpación de tumores totalitarios no están funcionando porque están igualmente corrompidos o chantajeados por el sanchismo

Al llegar a este punto, y sabiendo que los mecanismos internos de extirpación de tumores totalitarios no están funcionando porque están igualmente corrompidos o chantajeados por el sanchismo, es cuando se hace más pertinente preguntarse por el silencio sepulcral de la UE, que puso el grito en el cielo por Orban por cosas infinitamente más pequeñas que las que perpetra y acumula cada semana el sanchismo. Tampoco se entiende que PP y Vox no estén día y noche denunciando en Bruselas el retroceso de libertades en España, el debilitamiento de la democracia y los ataques a la división de poderes. Un español de bien no debería hablar de ninguna otra cosa en el Parlamento de la UE, por más que mi fe en que la banda de Von der Leyen haga algo más productivo que prohibir las pajitas y atar los tapones es mínima.

Algo asombroso de la izquierda posmoderna es su condición acrítica. Mal que bien, la derecha sigue siendo mucho menos complaciente consigo misma, especialmente cuando está en el poder, y eso enriquece a cualquier opción política. A fin de cuentas, el sanchismo está vivo, no lo olvidemos, porque hay cientos de miles de socialistas a los que nos les preocupa en absoluto la corrupción, o la persecución a jueces y periodistas, si es en beneficio propio. Un arma de doble filo que cualquier día podría volvérseles en contra, pero eso les trae sin cuidado ahora. De todos modos, cuando una militancia asume que su líder alcanzó el poder con un colosal pucherazo en las primarias y mira hacia otro lado, ni queda partido, ni queda militancia, tan solo rebaño y pastor. Allá ellos.

Los grandes proyectos totalitarios rara vez se han impuesto de la noche a la mañana. A menudo, haya golpe de Estado o no, terminan siendo un proceso lento. La rana se cuece en el agua tibia. Y con el paso de los días, las voces escépticas se repiten como un coro, y terminan siendo cómplices de las peores atrocidades. Siempre son las mismas voces y las mismas preguntas asombradas: “¿Pero cómo va a pasar esto aquí?”. Como en Cuba, como en Venezuela, como en todos los lugares en que la democracia terminó siendo un trampolín hacia una dictadura.

Contenido patrocinado

stats