Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
Hacia una República Federal Ibérica
DEAMBULANDO
La cosa no es nueva, pero si preguntásemos a los ciudadanos de ambos países ibéricos, Portugal y España, si quisieran una república de este género, probablemente o con seguridad dirían que sí. Expuesto al debate, con subsiguiente referéndum, partidos hegemónicos de ambos países acaso torpedearían hasta las voluntades de los votantes, pues la maquinaria para detener este movimiento sería demoledora.
Uno se pregunta, o gobiernan los ciudadanos con su voto libre, o con él secuestrado contrario sensu. En una cuestión de poder, vemos lo que pesa lo que ya funciona; pero no se puede garantizar que será siempre así en el modelo actual de las autonomías. Los movimientos independentistas siempre están ahí cual espada de Damocles.
Ante la eventualidad, si somos previsores, llegaremos a la conclusión de que una república federal sería la única tabla de salvación para un sistema político en constante zozobra. Un estado federal supondría que los nacionalismos independentistas por definición, no solo los periféricos, premisa donde cada estado aumentaría sus características definitorias, donde la monarquía, ni la supuesta electiva, anacronismo que nos define como Reino, no tendría cabida. Los obstáculos son insalvables y parecería una utopía tal república federal como alternativa a una impendente fractura del país.
Aquí los Borbones y sus herencias espúreas quedarían en el olvido en este proceso, por incompatibilidad con el federalismo y la democracia de las urnas. Al desaparecer esa forma de gobierno de una llamada democracia parlamentaria donde el rey reina, representa, pero no gobierna, que ni aun así deseable, no obstante lo preparao que se esté, porque las nostalgias de trasnochados monárquicos y lo que los sostienen, los grandes partidos, que aunque republicano alguno, porque le va bien, mantiene esta forma de Reino de España, pero seguramente no la población cansada de tanto entorchado, uniforme, jefaturas supremas y esas zarandajas. Hay que empezar por el rey, como cabeza de esa pirámide jerárquica, incompatible en una sociedad desarrollada porque de lo piramidal, siempre en sospecha; por su inmunidad, más todavía. Aunque parezca no visible bajo el Rey se amparan aun muchos poderes no solo económicos.
Apartado por remoción, incompatibilidad o destitución, el rey, ilegítimo por impuesto por el franquismo, se tomará una jubilación dejando atrás la costosísima guardia real, secretarios, palacios, prebendas mil, de un supérfluo coste
La república federal con sus parlamentos y presidentes, tal cual las actuales comunidades, pero reafirmando su unión en esta república federal que todos desearíamos, pero que alcanzar costaría un cambio no de opinión porque masivamente aceptada por todos si no mediasen los diques partidarios. Tal vez en Portugal, de consolidado republicanismo, habría menos resistencias al proyecto. Una falacia que se esgrime de continuo en separatismos que ya no cabrían en ese marco constitucional donde la capital sería lo de menos si en Madrid, Lisboa o Barcelona, sin olvidarnos de que una vez la capital del imperio español estuvo en Lisboa.
Saramago y otros prohombres lusos eran partidarios de este sistema, que en ambos paises habría de expresarse por referéndum, aunque de él se apoderarían de inmediato los dos grandes partidos en España y en Portugal, donde su forma republicana acaso hallaría el camino, propiciando cambios contrarios al probable sentir de la mayoría de sus poblaciones.
Hasta se proyectaron banderas alusivas a la fusión de Portugal y España.
Si hiciésemos una encuesta aquí y en el país vecino, probablemente todos se decantarían por una república de tales características, tal como se esbozó ya a finales del siglo XVIII con el movimiento iberista propiciado por federalistas de ambos lados de la frontera que propugnaban una Federación Ibérica, pero la inestabilidad y el cantonalismo frustraron el proyecto. En el siglo XIX se produce otro movimiento coincidiendo con la I.-Republica 1873-1874, Pi y Margall lo defiende basado en actos regionales en el contexto histórico entre reinos peninsulares.
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