Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
A teima de meter os fociños
CAMPO DO DESAFÍO
De Marco Aurelio a Gabriel Rufián, salvando todas las distancias, se nos ha advertido sobre los peligros de la retórica. Uno, el hombre reflexivo, y el otro, acuciado por las urgencias de encontrar un puerto de arribada, han recomendado los caminos ceñidos a la gestión de lo concreto. Las teorías nos alejan de lo terrenal; en cambio, encarar los problemas nos sitúa ante la medida de nuestras fuerzas y, en consecuencia, de las limitaciones propias y del contexto. Recuerden: “o soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
En sus mejores años, Ortega y Unamuno fueron predicadores contra la retórica y en favor de ocuparse en lo concreto, lo menudo, lo efectivo y alejado de pesados cortinajes ideológicos. A ambos los barrió la tozudez de la agonizante monarquía alfonsina, las masas rehenes de la demagogia y el parlamentarismo bélico de la época. Pero queda, en los reformadores de todo tiempo, la voluntad práctica, el mancharse en el barro de la gestión. Al Gobierno de Pedro Sánchez, la Audiencia Nacional (AN) le amargó una cena, pero al poco le concedió una prórroga de vida al habilitar el puerto ceutí como campamento de refugiados.
La historia menuda se escribe con estos giros de guion. Un sindicato policial o, en su defecto, otro de extrema derecha, presenta un papel en los juzgados y no habrá urgencia nacional ni humanitaria que prevalezca. Llegó el magistrado y mandó parar. Nuestro presente viene pautado por una sucesión vertiginosa de acontecimientos que no admiten vacaciones de agosto ni Maretas en vinagre. A los hechos hemos de remitirnos. Al Gobierno se le juzgará sumarísimamente en las próximas elecciones. Mientras tanto, gastar más pólvora en pretender desvelar las profundas pulsiones de la Justicia o las dosis de ventajismo político que destila la insolidaridad de la oposición, resquebraja el equilibrio de poderes y administra un opiáceo a los votantes progresistas en su pavorosa orfandad.
Atender las cosas, en expresión del Unamuno más regeneracionista, es renunciar a la retórica de los discursos y los lamentos huecos, tan reveladores de la nada, para aplicarse a lo concreto, a lo hacedero. El Gobierno toma oxígeno con la resolución de la AN en el puerto de Ceuta, pero el garantismo de nuestros procedimientos y hasta la legislación que nos hemos dado, no están, reconozcámoslo, a la altura de los desafíos sobrevenidos. Si pudimos, en tiempo récord, vacunar y revacunar contra el covid a la práctica totalidad de la población española, es difícil de entender el colapso de gestión con unos pocos miles de inmigrantes. Síntoma de que algo profundo está fallando. Quizá por exceso de retórica y déficit de atención al trabajo ingrato y duro, aunque efectivo, de lo concreto.
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