Gonzalo Iglesias Sueiro
¿El estado al servicio de la oligarquía?
Peter Andreas Thiel, empresario activista pro Donald Trump, o Hans Ulrich Gumbrecht, profesor en la Universidad de Stanford, son algunos de los encargados por los multimillonarios americanos para redefinir las líneas ideológicas del Partido Republicano al servicio del actual presidente de EEUU. Pusieron el acento en el profundo rechazo a la democracia y al fortalecimiento del Estado como redistribuidor social de los recursos económicos. Su desprecio por las libertades lo enmarcan en la capacidad de liderazgo de la cúpula de los oligarcas y en el control de la tecnología al servicio del poder, algo incompatible con la libertad y la democracia. Para ello diseñaron una estructura militar al margen de las instituciones, que realice funciones como las practicadas por la ICE en la expulsión de inmigrantes en EEUU, o los sistemáticos crímenes del ejército sionista, al servicio de Netanyahu, en el genocidio palestino.
Características del renovado Partido Republicano de EEUU y partidos de ultraderecha adláteres del trumpismo en el concierto internacional:
A) El Estado solo es necesario para proteger la soberanía y los intereses de la economía, previamente desregularizada, imponiendo aranceles a los territorios recolonizados (Venezuela es un claro ejemplo).
B) El Estado sirve para reforzar los límites fronterizos, intentando controlar los movimientos migratorios, favoreciendo al aparato represivo y al ejército al servicio del nuevo orden.
C) La ultraderecha no destruye el Estado, más bien lo captura y modifica su papel de árbitro al servicio de la sociedad. Para ello, se opone al Gobierno cuando este aplica políticas que no favorecen a las élites, convirtiéndolo en un mero gestor, sin capacidad operativa que le permita direccionar los recursos del país.
D) La ultraderecha actual consigue el poder con lo que se conoce como democracias liberales (autoritarismo competitivo); no eliminan las elecciones ni disuelven el parlamento por la fuerza, utilizan mecanismos pseudodemocráticos legales, erosionando la separación de poderes.
En España estamos asistiendo a un novedoso engendro, donde el ateo reza el rosario, el santo es un machista, los cultos son ignorantes, los ignorantes son sabios, los opositores son condenados por prevaricar y los nepotistas no precisan opositar porque les sobran los padrinos… Y, como colofón, la estructura profunda del Estado es golpista y el Gobierno legítimo es presuntamente delincuente por defender al Estado.
El filósofo Jürgen Habermas denunció la colonización progresiva del espacio público por parte del Capital; hoy no necesita infiltrarse: ya lo ha conquistado. Ayuso y el ático no dejan de ser una anécdota; algún magistrado así lo entendería.
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