El ruido

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 23 mar 2026 - 06:40
La opinión de Sonia Torre.
La opinión de Sonia Torre. | La Región

La investigadora científica Nazareth Castellanos afirma: “Hay neuronas que se activan con el silencio y nos ayudan a calmarnos. Habría que tener entre dos y tres minutos de silencio al día. Ayudan a la limpieza”. Algo tan sencillo se está convirtiendo en una hazaña casi imposible. Cada vez el ruido se hace más fuerte y lo ocupa todo y, en consecuencia, poco espacio queda para la calma y mucho para la contaminación completa. Aceptamos resignados que en cualquier lugar un móvil escupa música, conversaciones, y vídeos a todo volumen sin atrevernos a pedir que cese por miedo a ser increpados con gritos. Nos acostumbramos a que cualquier hora de la noche sea propicia para el bullicio más intenso y, aunque no podamos dormir, lo permitiremos por temor a respuestas demasiado violentas. Cada día nos vemos sometidos a maltratos acústicos que nos enervan y nos ponen de mal humor, restándonos momentos de sosiego y tranquilidad, y aun así los aceptamos resignados.

Nos hemos instalado tanto en el alboroto continuo que estamos perdiendo la capacidad de discriminar entre las voces que desactivan neuronas y evitan el sosiego del propio pensamiento y las que ofrecen una tregua para escucharnos a nosotros mismos desde la serenidad.

Mejor poner el altavoz sobre nuestras pequeñas renuncias que sobre la destrucción total de vidas y futuros que generan las guerras. Nos convenceremos de que el cupo de la empatía está cumplido.

“Quien más grita tiene la verdad” se ha convertido en el argumentario de cada vez más personas que demuestran así la carencia de buenas ideas y propuestas de sentido común. Olvidan que la razón convence, no ensordece. Pero saben que mientras nos tapamos los oídos para que no se rompa el tímpano dejamos de escuchar lo que está sucediendo.

Mejor oír el sonido de edificios cayendo derrotados por un misil que el del llanto de las víctimas que produce. Es más soportable. Mejor poner el altavoz sobre nuestras pequeñas renuncias que sobre la destrucción total de vidas y futuros que generan las guerras. Nos convenceremos de que el cupo de la empatía está cumplido. Las consecuencias de esta escala irracional bélica también nos llegan, pensaremos, y con eso habrá quien se sienta al mismo nivel de quienes no saben si podrán sobrevivir de alguna manera. El ruido se ha hecho tan fuerte, lo hemos alimentado tan bien y lo hemos recompensado tanto, que esa limpieza neuronal que la ciencia aconseja se aleja, dejándonos perdidos en un basurero de difícil salida.

Corremos el peligro de que el alboroto que no supimos o no quisimos silenciar acabe por borrar todas las huellas sonoras que demuestran quienes encendieron el fuego que nos arrastra a este incendio del mundo y el porqué. Y con ese olvido, la humanidad fallará estrepitosamente.

Pero no perdamos la confianza en nosotros. Aún podemos estar a tiempo. Canta Ismael Serrano: “Si se callase el ruido/ Quizá podríamos hablar/ Y soplar sobre las heridas/ Quizás entenderías/ Que nos queda la esperanza”.

Contenido patrocinado

stats