Xaime Calviño
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Desde el principio, a los grandes mártires, la Iglesia los santificó, pero en los primeros siglos, uno solo en Roma, fueron muchos los cristianos martirizados. Fue la Iglesia de Siria la primera en dedicar un día a “Todos los Mártires”, en el siglo IV. Tuvieron que pasar tres siglos para que Roma actuase, y en el año 715 Bonifacio IV dedicó el templo grecorromano del Panteón de Agripa a ser el lugar en donde se rendía culto no solo a los mártires, sino a todos y dedicó un día a los que nos habían precedido en la fe y lo llamo Día de Todos los Santos. Curiosidades, ese día fue el 13 de mayo (hoy Fátima). Gregorio III, un siglo después, lo trasladó al 1 de octubre, y en el año 840, Gregorio IV universalizó la fiesta de Todos los Santos con una celebración de vigilia el 31 de octubre, que dentro de las naciones de habla inglesa se llamó “All Hallow's Eve”, que con el tiempo se convirtió en “Halloween”.
Aquí, el maestro de escuela de Cedeira (A Coruña) Rafael López Loureiro descubrió que en la tradición celta de la celebración del 31 de octubre, como el “Halloween”, se celebraba por toda Galicia el Samhain o Samaín por lo menos desde hace 30 años, posiblemente coincidiendo con el retorno del “Halloween” de América a Europa.
El Samhain o Samaín en la época céltica era considerado el inicio de la “estación oscura”, que hacían coincidir con el fin del verano; de hecho, su significado gaélico es “fin del verano”, y para los celtas era “el paso de un año al otro”. Se usaban calabazas como un culto a la muerte, lo mismo que en los países de origen céltico, especialmente Irlanda. Tras muchos años de no celebrarse, en EEUU y Latinoamérica se volvió a celebrar el Halloween. Los niños que iban por las casas pidiendo dulces, caramelos y otras golosinas y se disfrazaban con trajes de brujas, muertos y otros disfraces, en las casas en donde pueden pedir se colocaba una calabaza imitando el rostro humano y con una vela dentro para que se viese en la oscuridad.
Costumbre, la de la calabaza, que también tiene el Samhain o Samaín, en donde se le ha añadido una especie de procesión en donde van todos los niños. Los mayores lo celebran también, pero en fiestas propias. Estos festejos alcanzan hasta donde aún llega el idioma gallego, como Zamora, León e incluso a algunas aldeas de Cáceres.
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