La bola negra

¡ES UN ANUNCIO!

Publicado: 03 oct 2026 - 06:50
Opinión Isaac Pedrouzo
Opinión Isaac Pedrouzo | La Región

La cola era inmensa. Se retorcía como una culebra revoltosa entre el McDonald’s, la sala de juegos y la entrada del cine. Sin edad.

Deliberamos con velocidad asombrosa que sería mejor adquirir el menú grande, que la diferencia con el pequeño era un euro. Que trabajamos a diario para darnos ciertos lujos. Como un bol de palomitas rebosante que no se termina en el segundo tráiler. Victorias cotidianas de clase obrera.

Paula iba de negro. Azar o casualidad, nunca lo sabré.

Los asientos eran los de siempre; cómodos durante los primeros treinta minutos. Insoportables el resto del tiempo. Los escogimos a nuestro propio criterio, cerca del pasillo, por el ataque de los pises.

Él se sentó a mí lado, justo en el hueco donde suelen acomodarse las desgracias que incordian la tranquilidad del tda. El volumen de los anuncios sigue siendo demasiado alto pensé. Qué paradoja Tom Cruise maquillado como si tuviese 65 años. Porque en realidad Tom Cruise tiene 65 años. Me reí tanto para dentro que casi me atraganto.

La luz se fue más rápido de lo normal, y cuando en el cine todo se apagó un chssss enlatado chirrió a mi izquierda. Él sostenía una Mahou que traía en el bolsillo interior de su chaqueta acolchada y brindaba majestuoso con su acompañante. Como dos adolescentes traviesos que han colado una litrona en el autobús de la excursión. Les concedí la trastada. La vida, algunas veces, se trata de eso, de las felicidades minúsculas.

A mi lado él scroleaba en sus conversaciones, interrumpido porque alguien dijo homosexual en la película y a él le hizo gracia, sentimiento que expresó con una carcajada y un codazo cómplice a su acompañante. La misma carcajada que escupió cuando dijeron dos rayas de cocaína.

España tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. A él le sonó el móvil. Hay que arañar la tierra para que salgan. Abrió whatsapp. Era un audio. Trató de escucharlo contra todo pronóstico. Creía que nadie lo oía.

Nos concentramos en la pantalla. Carlos Baila, Sebastián llora, Alberto viaja.

A mi lado él scroleaba en sus conversaciones, interrumpido porque alguien dijo homosexual en la película y a él le hizo gracia, sentimiento que expresó con una carcajada y un codazo cómplice a su acompañante. La misma carcajada que escupió cuando dijeron dos rayas de cocaína.

Tú nunca entenderás lo que te quiero porque duermes en mí y estás dormido. Y esta vez un suspiro, o un roquido, o un ronquido suspirando en la butaca contigua a la mía. Lo escuchó Javi el alto, el otro también. Y otro chsss de otra Mahou que guardaba en otro bolsillo.

A Rafael quieren matarlo, pero a él, el hombre que estaba sentado a mi lado, se le antojaba más trascendente buscar a la novia de Mbappe en internet. Varios suspiros más y un esequesaleesuncantantedeesos. Y mientras, Judeline cruzaba un campo nevado, y sonaba mira qué tontería arden las turbias palabras que nunca prendí. Y tú. Se encendieron las luces. Paula se giró. “Hay que aprender a ir al cine”. No pude distinguir qué nos gritó el tipo que estaba a mi lado. Da lo mismo.

Lo dijo Federico: Yo creo que el que ve bien el arte ve bien el mundo.

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