Julia Navarro
El error
PENSAR POR PENSAR
Para los estrategas de los partidos políticos, este septiembre estaba marcado como el inicio de las campañas electorales en los ayuntamientos y a las Cortes Generales, pero los designios del destino se adelantaron en Ceuta convirtiendo en papel mojado los movimientos tácticos. Así que, mientras se soluciona el conflicto generado por los marroquíes en la ciudad autónoma, las fichas del tablero andan algo descolocadas. Aunque los tres grandes, PSOE, PP y Vox, apenas han abandonado sus hábitos.
Los socialistas, empeñados en demostrar que lo suyo es gestionar y dejar para el calendario legal las campañas programáticas, sumidos en el desconcierto vacacional y el supuesto concierto con el reino alauíta, han ido de tropiezo en tropiezo dejando ver la posible existencia de una confabulación internacional de las extremas derechas contra Sánchez. Suena extraño, por no decir estrambótico, en un tahúr como el presidente, capaz de resucitar muertos. Lo acepten o no, para los socialistas septiembre les ha echado encima las elecciones del próximo año. Para la añeja estrategia del PP, Ceuta se ha presentado como una perita en dulce, otra oportunidad para reforzar el lema monocorde que arrastra desde la llegada de Feijóo al reino de los cielos: convoque elecciones, señor Sánchez. Y si lamentable ha sido la lentitud del socialista para romper bulos y anunciar medidas eficaces ayer en el Congreso, no lo es menos el cansado oportunismo, por no llamarle hipocresía impermeable, del principal partido de la oposición, ahora de la mano de Vox.
Nos encontramos así frente a tres polos electorales a la sombra del conflicto migratorio. Las teorías buenistas del PSOE y el posicionamiento caníbal de la derecha no son nada inédito, mientras el cainismo de Vox se ha estrellado frente a la realidad de la ciudad autónoma donde el ejemplo de convivencia de culturas, religiones y etnias es una bandera exportable al resto de la península. Desnortados los de Abascal, se han sumado a sacar el descontento, disfrazado de solidaridad, a las calles de todo el país acompañando a los de Feijóo. La coalición es un hecho electoral sin tapujos.
Ya digo, nada nuevo mientras la ciudadanía espera de sus representantes más seriedad, solidaridad, programas, acciones positivas y menos intereses electorales frente a un problema de Estado, que también lo es europeo e, incluso, de geopolítica internacional. Si el Gobierno dispusiera de datos secretos o diplomáticamente comprometedores lo tendría difícil para salir del embrollo. Ayer, el presidente anunció la publicación de todos los existentes después de clarificar todas las actuaciones de su equipo en Ceuta.
Aun así, sigue siendo inaceptable la incapacidad de los dos grandes partidos para dialogar con seriedad. No hablo de culpas, señalo incompetencias. Seguimos escuchando a un PP que, desde la llegada de Aznar en 1987 a las Cortes de Castilla y León, no ha cesado de hacer electoralismo permanente, tanto si está en la oposición como en la gestión de los gobiernos. ¿Cómo puede Feijóo pedir solidaridad en la calle mientras niega el apoyo y cierra la colaboración de las comunidades autónomas donde gobierna? ¿Acaso no es constitucionalmente peligroso involucrar a Felipe VI en una cuestión fronteriza con una monarquía vecina? Además, este conflicto ha vuelto a poner de manifiesto algo que los votantes quizás no perdonen: el uso partidista de las instituciones donde el PP tiene poder. En el Senado ya huele a cansancio y ahora, incluso, han osado utilizar la Federación Española de Municipios y Provincias para convocar una protesta de partido. Mal asunto don Alberto.
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