Pilar Falcón
DÍAS Y COPLAS
Febrero, el coreógrafo breve
El otro día conocí a una persona que no tenía wasap. ¿Y cómo haces para sobrevivir?, le pregunté, a lo que ella me respondió que el secreto era no perder la costumbre de mirar la calle a lo lejos, al caminar, y de fijarse en la gente que ocupa las mesas en las cafeterías cuando estás tomando un café. Son cosas que ya no hacemos, añadió.
Y es cierto. Ahora la individualidad nos aterra. Ya no existe ese instante solitario del «yo contra el mundo» en la parada del bus, en la cola del supermercado o incluso en una excusión. Hemos cambiado todo eso por la compañía de las pantallas y, en consecuencia, hemos perdido la paciencia, nuestra privacidad y la incapacidad de entretenernos por nosotros mismos.
Por supuesto, que nadie nos obliga (¿o quizás sí?), pero echando la vista atrás para contemplar cómo era nuestra vida antes de internet, descubrimos con nostalgia o sin ella que ya no necesitamos el teléfono en la cocina, ni las postales de cumpleaños, ni aquel genuino arte de seducción en el que las palabras eran dogma. Todo eso se ha ido. No hay citas nerviosas mirando el reloj ni cartas en los buzones; tantas cosas… Al final, hemos dejado de prestar atención a lo importante porque tenemos quien lo haga por nosotros.
Esa «minipimer» que revolucionó nuestras prácticas culinarias la hemos trasladado ahora a las demás facetas de nuestra vida para que todo sea más sencillo. Y así, que el niño estorba en el restaurante: “Ponle dibujos animados o que eche una partidita”; que la abuela se pone pesada: “Lo siento, yaya, tengo una videollamada”, o que el camarero nos sirve amablemente una consumición: “mmm…” mascullamos sin levantar la vista del móvil, dándole a entender que le estamos diciendo «gracias».
Por eso me sorprendió el otro día conocer a alguien que no tiene wasap. ¡Qué desfachatez! ¿Se cree superior porque puede controlar su vida ignorando la falta de «likes» en sus redes sociales? ¿Acaso piensa que es correcto ir por ahí obviando lo que hacen los demás a cada segundo?
Semejante falta de respeto debería condenarla al ostracismo, si de verdad existe un dios que todo lo puede. Hay que impedir que seres así disfruten libremente de su albedrío. Debemos evitar que exhiban su capacidad para disponer de su vida a su antojo sin ninguna atadura digital. Porque sin ti no somos nada, ¡oh, Madre Tecnología!, y no permitiremos que te ignoren. No dejaremos que humillen tu bondadoso ofrecimiento de diversión, ese que nos brindas engalanada en sonidos y colores. Tú eres nuestro particular mesías y en ti creemos o, al menos, depositamos mensualmente nuestros euros para que nos sometas bien sometidos. ¡Átame!... Es que es indignante: tener móvil sin wasap… Debería estar prohibido.
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