De la sinrazón

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 06 abr 2026 - 06:10
Opinión en La Región
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Hace tiempo en una reunión de amigos surgió el tema de los trasplantes. Una de las presentes tomó la palabra para ofrecer un largo argumentario que concluía con que no existían, que eran un invento que nos intentaban vender, no sé con qué finalidad, y que jamás habían sido una realidad. De nada sirvieron los datos, ni los razonamientos y, mucho menos, la experiencia personal de quien tenía a su padre recuperándose de un reciente trasplante hepático. Todo era mentira, aseguraba, cada vez más encerrada en su sinrazón. Ante el obstinado intento de imponer como verdad única una gran mentira fácilmente rebatible, el resto optó por dejar de escuchar y mantenerse firme ante una realidad incuestionable. Hasta que se calló. Nadie logró convencerla, pero al menos ella tampoco convenció a nadie.

En estas últimas semanas han surgido de nuevo furibundos ataques cuestionando la limpieza y la ética de las donaciones de órganos de este país, poniendo la diana de la sospecha sobre los profesionales que salvan miles de vidas. Omiten maliciosamente el rigor de los protocolos y la esperanza de futuro que suponen para tantísimas familias, la única que les queda. No buscan saber ni aprender. No están dispuestos a asumir que pueden estar equivocados y menos a retroceder bajo el peso de los datos y los relatos de todos los implicados.

Llegados a este punto, solo cabe retirarles los altavoces, bajar el volumen hasta que se vuelvan inaudibles y aparcar cualquier contraargumento. Es inútil apelar a un sentido común del que carecen. Mejor negarles las palabras con las que solo buscarán alimentar sus insultos y sus despropósitos.

A cambio, ampliemos espacios para dar voz, de manera contundente, a la Organización Nacional de Trasplantes, ejemplo en el mundo, que es quien cuenta la verdad. Escuchemos atentamente a quienes han recibido el órgano que les ha devuelto a la vida y seamos empáticos con quienes, arrasados por una pérdida, han encontrado la generosidad de donar.

Razonar con quien no quiere y no sabe no es solo un trabajo agotador y estéril, es también regalar un espacio demasiado valioso a debates ya superados, cuya intención es volver sobre caminos andados, impidiendo que sigamos avanzando.

Dar voz permanentemente a los negacionistas de todos los logros conseguidos con tanto esfuerzo ya no puede ser una opción. Debatir esta u otras cuestiones tan obvias como si la tierra es plana desgasta la energía necesaria para alcanzar nuevos descubrimientos y lograr vidas mejores. No podemos permitirnos que nos venzan ni nos convenzan. La razón no está de su parte. La ciencia tampoco. Dejemos de intentar imposibles. Si no quieren entender ni utilizar la inteligencia, hagamos que prediquen en el desierto y evitemos que nos arrastren a sus elegidas oscuridades. Mejor gastar nuestro tiempo buscando nuevas luces.

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