José Ángel Vázquez Barquero
Más poder local, mayor descentralización del Estado
CAMPO DO DESAFÍO
El PSOE superará el trauma causado por la dedicación de Zapatero a los negocios. De hecho, lo dejó atrás en 2011, cuando el hasta entonces presidente renunció a ser candidato -lo sería Rubalcaba- y Mariano Rajoy, ¡con Montoro!, llegaron para aplicar sin mala conciencia las recetas de la austeridad. Solo un inexplicado giro en las expectativas vitales de José Luis Rodríguez Zapatero lo devolvieron al primer plano de la escena. Ahora dudamos si fue por mono de la política, por negocios, o por una mezcla de causas donde no es fácil separar el interés general del privado. En cualquier caso, Zapatero es ya, definitivamente, pasado y lastre político, aunque las vicisitudes y consecuencias de sus piruetas en el alambre reverberen en el tiempo más de lo deseable para el PSOE y la izquierda en general y también, claro, para los intereses del propio investigado.
El PSOE superará el trauma, como ha superado otras profundas crisis a lo largo de su historia
Estarán conmigo en que Zapatero llevaba unos años sobreactuando. Nada más irritante para el espectador de espíritu crítico que un actor en permanente sobreactuación. Zapatero salió del ostracismo político como un miura dispuesto a ganarse la atención de la plaza; un agitador de conciencias progresistas para el que no había lugar a las dudas ni a la autocrítica. El “optimismo antropológico e irrenunciable” fue siempre la poción mágica del Zapatero reconvertido en chamán de las izquierdas, un personaje de sí mismo. Desde la auctoritas otorgada por la antigua presidencia, la misma que la de los jarrones chinos, Zapatero ha ejercido de sanchista con la fe del converso, ha sido verbo movilizador de los amodorrados militantes, paciente y secreto pulidor de las aristas del chavismo y el madurismo venezolanos, enviado de Sánchez como muñidor de los apoyos políticos más incómodos del gobierno y, en los últimos tiempos, embajador extraordinario en la propia China, gigante inversor al que ahora damos, sin calcular las consecuencias, tratamiento de socio privilegiado.
Este juego de roles múltiples, desaforados y siempre entre lusco e fusco, pero en el núcleo mismo del poder, se vuelve ahora contra él, contra su menosprecio a conformarse con un puesto a perpetuidad en el Consejo de Estado y las amplias regalías, legales y legítimas, que el pasado desempeño como presidente del Gobierno le ofrecía con largueza. Y se vuelve contra Sánchez, que ha apurado hasta las heces su desatino en la selección de su círculo político más próximo. El PSOE superará el trauma, como ha superado otras profundas crisis a lo largo de su historia, de identidad y de liderazgo, y lo hará a través de una profunda catarsis, en su sentido literal de purificación, y renovación. De nombres, por supuesto, y de la carga ética imprescindible que estos sean capaces de incorporar a la política.
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