Luis Carlos de la Peña
Calor
Existen fotógrafos y cámaras que han tenido el privilegio de fotografiar o filmar su propia muerte, en ese verdadero ‘instante decisivo’. Otros han tenido menos suerte y su muerte física además ha sido judicializada. Es el caso del cámara José Couso, muerto por el cañonazo de un carro de combate estadounidense en el hotel Palestina de Bagdad hace trece años, y del que se han desentendido las autoridades del país norteamericano y las nuestras con la práctica derogación de la ley de justicia universal, que hacía del nuestro un país más noble. Su caso ha sido sobreseído por el Tribunal Supremo, aunque queda la instancia europea. Da coraje que cueste tanto mantener vivo un caso cuando los culpables están identificados y porque tu país no te defiende por razones de Estado.
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