Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
RECORTES
He leído por ahí, firmado por un ciudadano de cierto empaque intelectual, que América es un continente esencialmente fracasado y seguramente tiene razón. América es un continente en el que un amplio abanico dominante y mayoritario de países viven en la pobreza, donde las diferencias sociales son insoportables, donde los dictadores bananeros -de ahí me temo su despectiva nominación- campan a sus anchas, y donde los inmensos recursos de una tierra fértil y poderosa están mal repartidos y peor aprovechados.
Mi escasa experiencia en el conocimiento de alguno de sus países te sugiere belleza y pavor al mismo tiempo, y recuerdo que en uno de ellos una amable dama que regentaba un quisco de prensa me advirtió al oído sumamente preocupada que me volviera cuanto antes a mi hotel porque me estaban siguiendo y esa situación allí era preludio de un final muy trágico.
La izquierda europea que la hay aunque circula por otros caminos, no ha querido ni asomarse por Barcelona para tomar parte en semejante acto
La famosa cumbre de la izquierda mundial que Pedro Sánchez ha convocado en aras de sí mismo desde Barcelona para mostrar su nueva advocación como adalid universal de la lucha contra Trump -y su creciente fama en países como Irán cuyo nombre pegan en sus cohetes que no es materia para sentirse muy orgulloso- solo ha sido escuchada por la izquierda latinoamericana que se ha venido a Barcelona a hacerse una foto con el presidente español sin que de esa reunión se pueda inferir que haya salido nada ni de bueno ni de malo.
La izquierda europea que la hay aunque circula por otros caminos -posee 136 escaños en el Parlamento Europeo y es partido de Gobierno en 12 de sus estados-, no ha querido ni asomarse por Barcelona para tomar parte en semejante acto que incluso se utilizó como contramedida a la presencia de María Corina Machado en Madrid al mismo tiempo.
Semejante panorama expone con cierta honestidad el grado de convocatoria que faculta al presidente Sánchez, que ha montado sin venir mucho a cuento una representación que ha contribuido a aislarle por un tiempo de la áspera realidad doméstica y le ha otorgado fuerza para seguir tirando. Pero los sueños, sueños son, que dijo Calderón de la Barca.
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