David Alvarado
Por unha política local da abundancia
La guerra en Oriente Próximo continúa. Veinte días ya de los bombardeos de norteamericanos e israelíes sobre Irán y el Líbano y de réplicas de Teherán sobre Israel. Muertes, destrucción y bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz, paso obligado del transporte del petróleo y del gas que exportan tanto los emiratos de la región como el propio país de los ayatolás.
Todo indica que lo que se va a anunciar veinte días después del inicio del conflicto llega tarde y será poco
La subida del precio del barril de crudo por encima de los 100 dólares es la primera consecuencia de la crisis. Incremento a impulso de varios factores: el primero la inseguridad, el segundo la elevación del precio de los seguros de los petroleros y un tercero: la especulación. El resultado de semejante estado de incertidumbre se proyecta más allá de la región afectada directamente por los bombardeos y se expande a buena parte del resto del mundo.
En el caso de España con la subida de precios de los carburantes y el de muchos de los componentes de las cadenas de producción de los alimentos, de los servicios y también del suministro de electricidad. La subida del precio del gasóleo y de la gasolina afecta a los transportistas y complica la vida a agricultores y pescadores. El de la electricidad a muchos empresarios autónomos. En general, se encarece la producción de alimentos y sube el coste de los servicios.
El Gobierno convoca un Consejo de Ministros extraordinario para el viernes en el que se prevé el anuncio de medidas encaminadas a paliar los efectos de la crisis. Pero salvo cambio de criterio de última hora, el Ejecutivo parece que descarta una rebaja del IVA de los alimentos o recuperar la bonificación de 20 céntimos por litro de combustible que se aplicó a raíz de la invasión rusa de Ucrania.
De lo anunciado por el propio Pedro Sánchez en el transcurso de la sesión de control al Gobierno -reforzar la apuesta por las energías renovables, la transición ecológica y la electrificación ante las crisis energéticas- se desprende una intención bastante difusa a la hora de concretar medidas y ayudas directas a los sectores de producción afectados por los efectos rebote de la guerra en Oriente Próximo. Todo indica que lo que se va a anunciar veinte días después del inicio del conflicto llega tarde y será poco.
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