Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
El chalecito anónimo de Marcelo Macías
El viernes comí con Amancio Ortega”, comenta con esforzada naturalidad un fino marmitero del hechizo cultural coruñés. Dos segundos de tensión hasta que escapa la risa. “En el mismo comedor de una casa de comidas en Guísamo”. No hay necesidad de pedir la carta, sabe lo que el chófer de anécdotas va a tomar. “Estaba en una mesa de ocho señores, creo, todo hombres seguro; pidieron torreznos, algo ligerito por la edad, además de tortilla, y callos lo presupongo porque era el día. Brindaron con vino, en un principio me pareció que Ortega lo hacía con agua pero era vino, y estaban a gusto. Allí quedaban cuando me marché. Ya sabes, discreción sobre todo por el dueño del restaurante, que no querrá cambiar un buen cliente por curiosos”.
No parecía el mejor momento para cambiar de encargado, pero Ortega siempre demostró olfato para fichar y detectar hasta dónde podía estirar los conocimientos de cada cual
No cuenta salseo. Y menos si se trata de una un gigante como Inditex de escala mundial. Que a los 88 años, 89 el 28 de marzo, Amancio Ortega digiera con apetito unos torreznos y el menú del día con los amigos –otro marmitero apuntaría después que en la mesa había reconocido a uno de los responsables de cuentas en la época del despegue– tranquilizaría, si fuese el caso, cualquier inquietud en los mercados, tobogán que preocupa bastante poco al dueño de la tienda. Y menos porque la sucesión cayó de cara, en plena pandemia y con Rusia invadiendo Ucrania. No parecía el mejor momento para cambiar de encargado, pero Ortega siempre demostró olfato para fichar y detectar hasta dónde podía estirar los conocimientos de cada cual. Un abogado del Estado número 1 de su promoción (Pablo Isla) por otro abogado del Estado número 1 de su promoción (Óscar García Maceiras) para coordinar lo que deciden los directores de las cadenas. Había llegado la hora de subir a su hija Marta a la presidencia.
Inditex se tambaleó en la Bolsa por el relevo inesperado en el puente de mando, aunque no tanto como pronosticaban agoreros de finanzas que pisan más despachos que fábricas. Hasta que el discurso de Marta Ortega sin el comodín del papel delante en la primera junta de accionistas de Inditex como presidenta le dio la razón al accionista mayoritario. También los resultados de cada trimestre. Puede que Amancio Ortega haya bajado el torrezno rondando después por Sabón.
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