Tragedia inconmensurable

CRÓNICA PERSONAL

Publicado: 29 oct 2026 - 06:10
Pilar Cernuda
Pilar Cernuda | La Región

Parecía que no se podían soportar más tragedias, que los españoles merecíamos un tiempo mínimo sin que el dolor nos golpeara de forma tan brutal, Sufrimos una sucesión continuada de accidentes con docenas de victimas mortales, y danas incontrolables que se llevan todo por delante incluidas vidas y docenas de familias sin nada de aquello por lo que habían luchado desde que nacieron.

Parecía que habíamos sufrido con creces todo lo que se podía soportar, pero faltaba un nuevo episodio que, si cabe, supera en desgracia a los anteriores, y eso que esos anteriores han sido demoledores. El nombre de Urda nos va a ser tan conocido, por desgracia, como el de Adamuz o, hace varioos años, el de Angrois. Pero en esta ocasión los muertos alcnzan una cifra jamás conocida, la tragedia alcanza unas dimensiones inconmensurables.

España está paralizada de espanto y todas las autoridades, incluido el Rey, han suspendido sus actividades, sin ánimo para abordar nada que no sea dolerse, tratar de acercarse emocionalmente a las víctimas y a los familiares y amigos de las víctimas. Cualquier otra iniciativa sería una falta de respeto. Es el día en el que la tragedia obliga a dar prioridad a apoyar a quienes sufren directamente una situación que deja paralizado de horror a cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Ya llegará la hora de exigir investigaciones y señalar a los responsables si los hubiera. Pero este miércoles que se inició de forma tan cruel solo debe ser abordado con un ruego para quienes sean creyentes de cualquier religión y dediquen un recuerdo y una oración por los fallecidos, la recuperación de los heridos y los familiares que a las diez de la mañana perdieron a aus seres más queridos. Necesitarán también mucha fuerza aquellos aquellos que tendrán que afrontar con la máxima serenidad y valentía la lucha para lograr que sus seres queridos puedan superar sus gravísimas heridas y las secuelas físicas y psicológicas.

Decían algunos de los pasajeros que recibían en Atocha la trágica noticia desde la estación de la que habían salido los trenes hacia Andalucía que revivían la pesadilla de hace unos meses en Adamuz. Las mismas imágenes escalofriantes, los mismos rostros de desesperación y de miedo, los mismos llantos silenciosos esperando noticias de quienes trataban de rescatar los cuerpos que se encontraban dentro o bajo los vagones.

Ya está bien de catástrofes, nos hemos ganado con creces un respiro. Sentirnos a salvo de amenazas que nos pueden alcanzar en cualquier momento, en cualquier pueblo, en calquier carretera, en cualquier vía de tren.

Ni viajar puede suponer un peligro, ni debe considerarse una temeridad estar en la calle bajo una lluvia torrencial. España tiene que ser un país seguro, aunque nunca la seguridad es absoluta. Pero da miedo pensar que la tragedia se ceba con nuestro país en una forma nunca vista hasta ahora.

No estamos preparados para soportar tanto golpe continuado. No lo merecemos.

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