Miguel Anxo Bastos
A alquimia financieira de Sánchez
CRÓNICA INTERNACIONAL
Que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tiene ninguna simpatía por la OTAN es una evidencia desde que tomó posesión de su segundo mandato y comenzó a lanzar dardos al funcionamiento de la Alianza, en la que su país sigue siendo el eje central y quiere dejar de serlo. Para Trump el despliegue de fuerzas militares estadounidense en Europa es un juego de premios y castigos del que los mandatarios europeos deben tomar nota para, en efecto, reforzar su capacidad de defensa estratégica de forma autónoma.
Aunque este asunto planea ya sobre todos los gobiernos y los ministerios de Defensa, el tránsito ni es fácil ni rápido, por lo que por el momento solo cabe basar la defensa de los países europeos ante una amenaza de Rusia en contemporizar con el mandatario americano, observar sus movimientos y no cejar en el desarrollo ni de la industria militar europea ni en aumentar su capacidad estratégica.
Las decisiones de Trump son tan imprevisibles que con dos días de diferencia había anunciado que no enviaría a Polonia una brigada acorazada lista para entrar en combate de 5.000 hombres a ordenar el despliegue. La causa, la elección del nuevo presidente de Polonia, el conservador Karol Nawrocki, “al que me enorgulleció apoyar, y dada nuestra relación con él”. Trump ha comprometido al Pentágono que primero tuvo que justificar la medida con el deseo de volver a tener desplegadas las mismas capacidades que antes de la invasión de Ucrania y luego afirmar que todo había sido un retraso temporal del despliegue y que Polonia es un aliado modelo.
En el sentido opuesto está la decisión de Estados Unidos de retirar otros cinco mil militares y suspender el despliegue de misiles Tomahawk en Alemania
En el sentido opuesto está la decisión de Estados Unidos de retirar otros cinco mil militares y suspender el despliegue de misiles Tomahawk en Alemania, esenciales como armamento disuasorio, como consecuencia de las críticas del canciller Friedrich Merz a la guerra de Irán y sus declaraciones en el sentido de que Washington estaba siendo humillado por los ayatolás.
En estas circunstancias, con Trump armando el Taco (Trump siempre se arrepiente) sobre los despliegues de tropas, con amenazas a los países que no han contribuido a su gusto para favorecer su intervención en la guerra en Irán -España e Italia, singularmente- con sus quejas por el desdén con el que fue recibida su petición de colaboración para abrir el Estrecho de Ormuz, con la Estrategia de Seguridad Nacional de EE UU se orienta hacia la zona Indo-Pacífico-, más las exigencias de inversiones europeas en defensa y la compra de armas a EE UU, resulta inexcusable que los países europeos de la OTAN fortalezcan sus capacidades de defensa mutua.
La cumbre de los ministros de Exteriores de la OTAN, que se celebra en la ciudad sueca de Helsinborg, preparatoria de la cumbre de la Alianza Atlántica los días 7 y 8 de julio en Ankara se mueve ante la incertidumbre por las decisiones arbitrarias de Trump y la certeza expresada por el secretario general de la organización, Mark Rutte, de que Europa debe ser más fuerte y dejar de depender de un aliado único. Hasta entonces habrá que esperar a ver que decisiones toma y de cuáles se arrepiente Donald Trump.
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