Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Las extravagancias y el desprecio a los procedimientos democráticos que ha mostrado en otras ocasiones el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de llegar al paroxismo al pretender que las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre –el primer martes después del primer lunes- no se celebren como consecuencia de la pandemia del covid-19. Se trata de una proposición inédita que es previsible que tenga un recorrido muy corto por dos motivos. Primero porque nunca se han suspendido o aplazado las elecciones presidenciales ni en tiempos de guerra desde que se fundó el país, y porque la convocatoria de las elecciones está residenciada en el Congreso, y si el inquilino de la Casa Blanca da muestras de desvarío político ahí están los representantes de ambos partidos para impedir la tropelía.
La justificación de la propuesta realizada por Trump es que la proliferación del voto por correo haría las elecciones “fraudulentas e imprecisas” y por eso pretende aplazarlas hasta que se pueda votar presencialmente de manera “adecuada y segura”. De esta forma el propio presidente de Estados Unidos arroja sombras de dudas sobre el propio sistema electoral, que ya de por sí es bastante cuestionable en una de las cunas de la democracia. Basta recordar episodios como el de las ‘papeletas mariposa’ de Florida que permitieron la victoria de George W. Bush frente a Al Gore, o el hecho de que Hillary Clinton superara en tres millones de votos a Donald Trump hace cuatro años, además de las sospechas de injerencia de Rusia en esas últimas elecciones.
Donald Trump a partir de sus declaraciones se está mostrando como el presidente de un país bananero que advierte de que no aceptará los resultados de las elecciones si estas no refrendan su continuidad en el cargo los próximos cuatro años, y advierte de las posibilidades de un fraude que no tiene pruebas, de que vaya a producirse, sino que más bien es consciente de que el voto por correo juega en su, contra y en favor de los demócratas que están impulsando esta forma de participación, si bien es cierto que una proliferación de voto por correo dilataría la proclamación del nuevo presidente de Estados Unidos.
Destacados representantes del Partido Republicano y todo el Partido Demócrata ya han tomado posiciones en contra de la iniciativa de Donald Trump, que tiene un origen efectivo: el hecho de que todas ls encuestas dan a su oponente demócrata, Joe Biden, una ventaja de al menos ocho puntos en intención de voto, como consecuencia de su errática forma en la que ha afrontado la pandemia del coronavirus, de su insensibilidad ante el problema racial visualizado en su reacción ante las protestas por la muerte de George Floyd y porque ha perdido su principal baza propagandística, la buena evolución económica que acaba de sufrir el varapalo de un descenso de más del 30% del PIB interanual. Donald Trump quiere evitar ser uno de los pocos presidentes recientes que no ha repetido mandato y para ello no duda en poner en cuestión el sistema electoral que le legitima.
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