José Ángel Vázquez Barquero
La Unesco ante la Ribeira Sacra
Hace escasamente tres días, y por este mismo medio, Daniel Canal y Brais Iglesias nos anticipaban el difícil trance que se le avecina a la Ribeira Sacra en su tentativa por convertirse en Patrimonio Mundial de la Unesco. Un proceso a todas luces siempre complejo para cualquier candidatura al galardón, pero que en esta ocasión cuenta con la dificultad añadida de sumar un pronunciamiento desfavorable por parte de los evaluadores acreditados. Tengo que reconocer que el titular de La Región del pasado sábado me impactó sobremanera, “La Ribeira Sacra ante la Unesco: su futuro está en manos de 21 naciones”, y generó en mi la angustia propia de cualquier estudiante que en días como hoy pugne por acceder a la carrera universitaria de sus sueños. Pero, con la misma desazón, afloró en mi ánimo el pragmatismo de quien acumula cicatrices heredadas de múltiples contiendas (dicho sea de paso, la mayoría perdidas) y es consciente del inexorable fluir de la existencia y, por tanto, de que hay vida más allá de cualquier contratiempo, incluida la eventual frustración por el fracaso en el intento de alcanzar un reconocimiento público. Es más, suceda lo que suceda a finales de este mes en la reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco a celebrar en Bursan, la Ribeira Sacra ya es ganadora.
Siempre es factible alcanzar puntos de encuentro entre las partes involucradas, si efectivamente se persigue el mismo objetivo, que en el caso que nos ocupa no puede ser otro que contribuir al bienestar colectivo
No descubro nada nuevo al afirmar que la polarización y el desencuentro son rasgos identitarios del ecosistema institucional en el que lamentablemente nos ha tocado vivir de un tiempo a esta parte. Por tanto, la candidatura de la Ribeira Sacra al galardón de Patrimonio de la Humanidad supone una reconfortante anomalía positiva (que diría el profesor Lago Peñas) en la medida en que ha concitado el compromiso y la cooperación del Ministerio de Cultura de España, la Xunta de Galicia, las Diputaciones de Lugo y Ourense, 26 ayuntamientos y un buen número de entidades y colectivos de diferente condición. Más allá del resultado concreto que se alcance Dios mediante, lo normal es que la experiencia haya contribuido a interiorizar que el futuro de una sociedad solo se construye sumando esfuerzos diversos y pensando en el interés general, con independencia de los considerandos particulares del momento o la inmediatez de la toma de decisiones. Siempre es factible alcanzar puntos de encuentro entre las partes involucradas, si efectivamente se persigue el mismo objetivo, que en el caso que nos ocupa no puede ser otro que contribuir al bienestar colectivo.
Pero tampoco podemos perder de vista que la Ribeira Sacra es un referente para el país. Un territorio singular esculpido siglo a siglo gracias a la acción incesante del agua y al tesón encomiable de sus gentes, que hicieron de la agricultura heroica una forma de vida diferencial, y que hoy sufren como pocos la despoblación y el envejecimiento que azotan a las áreas rurales. Resulta paradójico que se pretenda menoscabar su candidatura alegando el impacto medioambiental y paisajístico a que dio lugar el represamiento del rio Miño durante el siglo XX, por cierto, un ejercicio de extracción de rendimientos energéticos totalmente ajeno a la voluntad e intereses de la comunidad local. Me van a perdonar ustedes, pero esta cantinela me suena desafinada, so pena de que alguien pretenda que la Ribeira Sacra pague una misma factura en dos ocasiones. Un alto precio cuando lo que está en juego es la oportunidad de construir un futuro esperanzador asumiendo sin reservas el legado de un pasado en cierta medida impuesto.
Un apunte final para motivar la reflexión colectiva. En 1987 la inglesa Bath fue incorporada a la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad en reconocimiento tanto de la presencia de fuentes termales y restos arqueológicos romanos, como valorando la arquitectura y el planeamiento urbanístico de estilo georgiano propio del siglo XVIII. Quince años después, en pleno corazón de la ciudad, abrió sus puertas el Thermae Bath Spa tras la reconstrucción, con un predominante diseño contemporáneo, de cinco edificios catalogados. El hecho de que el nuevo edificio contase con una piscina al aire libre en pleno tejado, no fue un impedimento para que la Unesco diese por buena la intervención alegando su integración en el marco histórico del tejido urbano de la ciudad.
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