¡Una vaca, mi reino por una vaca!

PERDÓN POR LA MOLESTIA

Publicado: 05 jul 2026 - 06:40 Actualizado: 05 jul 2026 - 07:25
Perdón por la molestia, por Antonio Nespereira
Perdón por la molestia, por Antonio Nespereira | La Región

Cuenta Shakespeare que durante la Guerra de las Rosas, en 1485, el Rey Ricardo III de Inglaterra combatía montado a caballo cuando el equino cayó de un traspiés y puso al monarca a merced de sus enemigos. Exclamó entonces la famosa frase: "¡Un caballo, mi reino por un caballo!" Entre las batallitas de la actualidad esta semana rindo culto al reino animal, cedo al encanto de una vaca, generoso animal mimetizado con Ourense durante décadas, declarado hoy casi una especie en vías de extinción en nuestro rural. Leo con deleite el mimo con el que Álvaro, un ganadero de Pereiro de Aguiar, mantiene a Paloma, que acaba de recibir el preciado título de Miss Vaca. En la provincia del termalismo desaprovechado esta rubia gallega goza de los placeres propios de un balneario, con sus baños y sus perfumes, aunque sin albornoz. En el Ourense de las tierras de labor ociosas Paloma se papa menús al modo Master Chef. En esta esquina en la que se abandona casi todo, incluidos a los mayores, Miss Vaca 2026 recibe "mucho cariño" de su cuidador. El animal tiene un porte esplendoroso y ya que hay certámenes de belleza para los astados, quizá algún día haya hasta desfiles de lencería. Veo a Paloma ataviada de Victoria´s Secrets paseando por el plató donde se emite Luar de la TVG entre las pupilas dilatadas del público. Las vacas se han borrado de la faz de la tierra ourensana, quedan algunas ganaderías muy meritorias con un producto de mucha calidad y románticos como Álvaro, que aún tiene tiempo para poner muy coqueta a su Paloma y llevarla de concurso. ¡Una vaca, mi reino por una vaca!, lamentaremos. Ourense se está quedando en un territorio sin esta especie, pero lleno de vacas sagradas, intocables e impermeables ante la deriva de algunos asuntos provinciales, siempre recurrentes. Nadie les desmonta del caballo, aunque este dé un traspiés como el de Ricardo III de Inglaterra.

Vacas en adopción, también jabalíes

Mis abuelos tenían vacas, imprescindibles para las tareas del campo, auténticas cajas de ahorro que aportaban ingresos gracias a la venta de la leche y los terneros, buenos ejemplares codiciados por los tratantes. De Barra de Miño solía venir O Talladas, un fino comerciante de ganado. Le decía a mi abuela: "Señora Lola, cando a vaca estea para parir mándeme recado, pero non venda o becerro sin falar antes conmigo". Los últimos datos del Instituto Galego de Estatística contabilizan en Ourense algo más de 20.000 vacas, una nadería al lado de las 53.000 de Pontevedra, las 256.000 de Lugo o las 182.000 de A Coruña. En nuestra provincia se contabilizan más de 80.000 perros, pero los niños apenas superan los 29.000 ejemplares; digo, chavales, perdón. A la especie humana le queda un largo invierno en Ourense, pero eso ya está más que contado. Sin vacas ni niños tampoco habrá verano en las aldeas como los de antes, pero todo evoluciona, no hay que ser nostálgicos. El lirismo de la actualidad sucumbe ante la coqueta Paloma, pedazo de pibón de rubia gallega que tiene a cualquier buey mugiendo de deseo a su puerta. Atentos también al conato de adopción del jabalí Manolo, en Vilachá, como si fuese un personaje de Cunqueiro, provocando la hilaridad de la gente, que le ve contento dándole al rabo en vez de escapar al cruzarse con algún humano. Uno de los nietos del Talladas y el nieto de la Lola recordamos como las reses cruzaban el Miño nadando. Mis hijos cantaban la letra del Xabarín Club: "Somos o clube da Galega, por fuciños, por cacheiras". Los nietos, algún día, tendrán vacas generadas por Inteligencia Artificial. Al menos las conocerán, siempre les pueden llamar Rubia o Toura, aquellas tremendas reses que cuidaba con mimo mi abuela.

Ourense se está quedando sin esta especie ganadera, pero sigue lleno de vacas sagradas, siempre intocables

Parecidos más que razonables

Sabido es que los animales y los humanos compartimos algunos códigos genéticos, determinantes en el caso de los simios, con permiso de Darwin. Sospecho que entre personas y vacas hay pocas coincidencias, pero algunas pueden valernos para el caso ourensano. Nos gustan las enchentas, ya que algunas fiestas gastronómicas demuestran que nuestro estómago tiene cuatro compartimentos, como el de ellas. Por otra parte, en la misma cadena de similitudes encontramos la sociabilidad o crear amistades duraderas. Pero, sobre todo, la capacidad de ser gregarios, seguir como manada a quien nos tiene pinta de espabilado, no hace falta ser líder. Somos también muy de conformarse, como ellas, algo deterministas. Las vacas reaccionarían igual que cualquier ourensano ante la burla de sacar a concurso una obrita para la vía del tren en Ramón Puga diez años después, que doce años después se juzguen a unos tipos que robaron unos teléfonos, que tengan que venir médicos de otras provincias a atender nuestras urgencias, que se aplique la Zona de Bajas Emisiones con todas las consecuencias sancionadoras por parte de un Concello que solo es ágil para multar. Quizá haya algún otro parecido, pero por hoy ya llegan. Bueno sí, la capacidad de generar residuos, aunque los de las vacas valen como abono, que dan unos tomates caralludos. Para luchar no valen, no son caballos, tampoco está Ourense para conquistas, ni para reyes, como mucho para reyezuelos, que de eso ya tenemos. Entonces, nuestro reino por una añorada vaca, aunque solo sea para presentarla a un concurso de miss, como la famosa Paloma de Pereiro de Aguiar.

Con estos rumiantes tenemos coincidencias, como las cuatro partes del estómago de vacas y tripeiros

Mira tú - Un buen sombrero como refugio climático

¡Una vaca, mi reino por una vaca!
¡Una vaca, mi reino por una vaca!

Mira tú como algunas zonas de la ciudad ya compiten con el desierto de Tabernas, el indomable emplazamiento almeriense, plató de decenas de películas de vaqueros. Mira tú como la gente transita por espacios urbanos bien pegadita a la pared para protegerse del implacable sol que atraviesa como la mirada de Lee Van Cleef en El bueno, el feo y el malo. Mira tú como para ejemplo vale la actitud de dos personas que casi claudican de calor en la desértica plaza de la Estación Empalme. Mira tú como la molicie de la Administración pone de penitencia a sus usuarios purgarse tanto al calor como a la lluvia o al frío en una terminal cuyas obras van camino de empeorar el tiempo invertido en levantar la pirámide de Guiza. Mira tú como aquí los refugios climáticos van a consistir en el sorteo de sombreros tejanos al estilo Clint Eastwood en Por un puñado de dólares o modelo Panamá, como el de Robert Redford en El gran Gatsby, mucho más elegante, sin duda. Mira tú.

Contenido patrocinado

stats