Afonso Vázquez-Monxardín
As xoais de Zapatero, oportunidade perdida
La reaparición de la extrema derecha en la política española con un partido propio ha llevado a Pablo Casado a doblar el brazo ante Santiago Abascal. Es una manera de gestionar la situación. Pero la presencia del también popular Alberto Núñez Feijóo en el discurso de fin de año ante el cuadro "A derradeira lección do mestre", de Castelao -simbólicamente, el Guernica de Galicia-, prueba que hay una manera de hacer política con éxito, sin concesiones a la extrema derecha, sino más bien todo lo contrario. Y Feijóo tiene mayoría absoluta, la única de toda España en la actualidad. Para quienes no conocen el cuadro, en él aparece muerto el mártir galleguista Alexandre Bóveda, abandonado como tantos otros maestros asesinados en plena represión franquista.
Con sus actos y símbolos, Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo ayudan a entender cómo puede gestionarse la política actual desde la derecha democrática. Y, de alguna manera, explican la genuina reacción democrática del europeísta Manuel Valls cuando se desmarca de Ciudadanos y propone un pacto con PSOE y PP para aislar a Vox. El ex primer ministro francés que ahora aspira a ser alcalde de Barcelona viene de un país donde el centro y la derecha también coquetearon con la extrema derecha de Le Pen: lo hicieron en algún ayuntamiento del área metropolitana de París y hasta en cuatro regiones. Pronto se dieron cuenta de que la gente entre la copia y el original prefería siempre el original, y aquellos coqueteos dieron paso a la exclusión política de Le Pen, con pactos de la derecha con los socialistas.
Casos similares se han dado -y siguen dándose, como se ve en Andalucía- en otros países europeos -el caso de Alemania es paradigmático-, pero al final ya se sabe quien gana: si la derecha y el centro pactan con la extrema derecha suele ganar esta última. Ahora bien, si se acota este problema a cuestiones tácticas y/o estratégicas de los partidos, los nacionalpopulismos de ambos extremos de la política no desaparecerán. Tampoco, con apelaciones a la resistencia.
La clave está en solucionar los problemas reales que suscitan y avivan los radicalismos. Si hay paro, desigualdad, pobreza, marginación, corrupción... en proporciones insoportables pasa lo que pasa. Nada surge de la nada. Es indudable que Vox tiene recursos y un buen marketing político pero no lo es menos que hay "algo" que le permite progresar. Ese "algo" es lo que tienen que corregir los partidos que gobiernan. Tal vez llegó el momento de hacer política con mayúsculas, y de cacarear menos.
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