Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Pablo VI
Andamos justos de genios, cantaba Ana Torroja. Andamos justos de celebraciones compartidas en esta España de “resabiados y resentidos”, que diría Manuel Cruz. Necesitamos motivos comunes de celebración y los héroes de la segunda estrella dicen que por ellos no va a quedar. Han ido Nueva York a darnos motivos para creer que aún podemos mejorar en materia de consensos emocionales.
El fútbol es el medio. Y el medio es el mensaje, como nos enseñó McLuhan. En este caso, la excelencia en el oficio.
Véase el choque final con Argentina, resuelto con el gol en tándem de Nico Williams que sirve y Ferrán Torres que resuelve. La excelencia como fruto del trabajo bien hecho (en equipo, pues se trata de un deporte asociativo) frente al juego sucio como fruto de la impotencia.
La moraleja tiene mayor recorrido. La formuló el propio Ferrán Torres, autor del remate final que hizo a España campeona del mundo por segunda vez. “El gol no es mío, es de 47 millones de españoles”. Y eso sí que es dejar el balón botando para ver si rematan las élites políticas, económicas, sociales, culturales, etc. de nuestro país.
No se me ocurre ninguna otra causa, de la naturaleza que sea, capaz de competir con la capacidad de vertebrar en un mismo sentimiento de pertenencia a esos 47 millones de españoles de los que habla Ferrán
La camiseta de la selección logra lo que no logra la política. Incluida la visualización de un tal Donald Trump, que parecía un trajeado oficinista que rabiaba por salir en la foto de los jugadores españoles agrupados en torno al trofeo que acababan de conquistar. Pero no perdamos el hilo. Estábamos en que una democracia no solo vive de instituciones y leyes. También necesita ilusiones compartidas, motivos comunes de celebración y consensos emocionales.
Al menos de momento no se me ocurre ninguna otra causa, de la naturaleza que sea, capaz de competir con la capacidad de vertebrar en un mismo sentimiento de pertenencia a esos 47 millones de españoles de los que habla Ferrán.
En realidad, la totalidad de los españoles, más allá de las folclóricas y minoritarias excepciones que todos tenemos en la cabeza.
Y de ahí el bien traído editorial de un diario madrileño: “La selección ilumina la mejor España”. En términos estrictamente deportivos, también ha iluminado el mejor jugador del Mundial (Rodri), el portero menos goleado (Unai Simón) y el mejor jugador joven del torneo (Pau Cubarsi). Lo cual me lleva a pensar que nunca estará mejor empleado el dictum unamuniano contra los golpistas de hace ahora noventa años: “Venceréis, pero no convenceréis”.
La selección española de fútbol merece el beneficio de la utopía agazapada en el famoso mantra de don Miguel. Debidamente tuneado, se convierte en timbre de gloria para los chicos de Luis de la Fuente: Vencen y convencen.
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