¿Creen que somos idiotas? Fue una invasión

Publicado: 17 sep 2026 - 05:40
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Hay un momento en el que la indignación deja paso al hartazgo. Y yo, sinceramente, he llegado a ese punto. Lo que está ocurriendo con Ceuta me parece de una gravedad extraordinaria, no solo por los hechos, sino por la forma en que desde el Gobierno se pretende negar aquello que millones de españoles hemos visto con nuestros propios ojos. Lo de Ceuta fue una invasión. Sí, INVASIÓN, con todas sus letras y en mayúsculas. Y no voy a sustituir esa palabra por otra más cómoda, más políticamente correcta o más conveniente para el relato gubernamental. No voy a llamar «incidente migratorio» a lo que vimos: una entrada masiva y dirigida de ciudadanos marroquíes en territorio español, una presión extraordinaria sobre nuestra frontera y una situación que puso en jaque a Ceuta y obligó a nuestros agentes a afrontar circunstancias de enorme gravedad.

¿De verdad creen que somos idiotas? ¿De verdad piensan que los españoles no sabemos distinguir entre lo que sucede y lo que después se nos cuenta que ha sucedido? Allí estaban las imágenes, las personas intentando cruzar, la frontera española, nuestros agentes y los ciudadanos de Ceuta contemplando atónitos una situación que difícilmente podía confundirse con cualquier otra cosa. Negar ahora la evidencia no es simplemente una discrepancia terminológica: es despreciar la inteligencia de quienes lo vimos. Cuando un Gobierno llega al extremo de discutir incluso las palabras con las que los ciudadanos podemos describir una realidad evidente, el problema no es solo semántico: es un problema de respeto a la verdad y, sobre todo, de respeto a los ciudadanos.

Y hay algo todavía más grave: Ceuta no es una abstracción ni una línea dibujada en un mapa. Es España. Sus ciudadanos son españoles y su frontera es nuestra frontera exterior. Cuando miles de personas tratan de entrar masivamente en territorio nacional, el Gobierno tiene la obligación de proteger esa frontera y, sobre todo, de hablar con claridad a los españoles. No puede mirar hacia otro lado por razones diplomáticas, ni rebajar los hechos para evitar incomodar a Marruecos, ni sacrificar la verdad en nombre de una supuesta corrección política. La primera obligación de cualquier Gobierno es defender a sus ciudadanos y la integridad de su territorio. Lo demás viene después.

Llevo muchos años observando las instituciones y la política española y he aprendido que una democracia puede soportar gobiernos equivocados, decisiones discutibles e incluso graves errores. Lo que una democracia no debería normalizar es que el poder pretenda convertir su relato en una verdad obligatoria. Se puede gobernar mal; lo que resulta insoportable es intentar que, además, los ciudadanos aceptemos que lo han hecho muy bien. La realidad no cambia porque un portavoz encuentre un eufemismo. Una frontera no deja de ser una frontera porque resulte incómodo hablar de ella. Y una invasión no deja de ser una invasión porque al Gobierno no le guste la palabra.

Por eso quiero destacar, precisamente, la actitud del presidente de Ceuta, señor Juan Jesús Vivas

Por eso quiero destacar, precisamente, la actitud del presidente de Ceuta, señor Juan Jesús Vivas. SEÑOR VIVAS, también con mayúsculas. Porque frente al cálculo político, la retórica de despacho y el intento de edulcorar lo sucedido por nuestro Presidente del Gobierno, ha demostrado el Sr.

Vivas algo que cada vez escasea más en la política española: dignidad, responsabilidad y señorío. Señorío de verdad. El que consiste en dar la cara cuando llegan los problemas, defender a los ciudadanos que uno representa y hablar con claridad sin necesidad de insultar, exagerar ni esconderse detrás de consignas. Mientras algunos desde la distancia parecen más preocupados por encontrar una palabra que encaje en el relato oficial, Vivas ha tenido que enfrentarse a la realidad de Ceuta.

Y ahí está la diferencia. Yo prefiero a quien da la cara antes que a quien fabrica explicaciones; a quien defiende la frontera frente a quien no lo hace para evitarse problemas con el país vecino; a quien reconoce la gravedad de lo sucedido antes que a quien pretende que olvidemos las imágenes que todos vimos. España necesita dirigentes que respeten la inteligencia de sus ciudadanos, no gobernantes que crean que pueden administrar la realidad desde un despacho y decidir qué hemos visto y qué debemos pensar.

Los españoles no somos una audiencia cautiva ni una masa electoral a la que se le puede suministrar un relato y exigir que lo consuma sin rechistar. Somos adultos, pensamos, recordamos y juzgamos por nosotros mismos. Y por eso me indigna especialmente que pretendan tomarnos por idiotas. Quizá deberían recordar que el poder no concede a nadie el monopolio de la verdad y que gobernar consiste, entre otras cosas, en rendir cuentas ante una ciudadanía que observa, compara y juzga. La propaganda puede aplazar una explicación, pero nunca puede borrar unas imágenes ni cambiar lo que ocurrió.

Ceuta fue una invasión. Lo vimos. Y no necesitamos que nadie nos explique lo que vimos. Lo que necesitamos es un Gobierno que tenga el valor de reconocer la realidad, proteger nuestras fronteras y defender a quienes las defienden. Y si quienes gobiernan España necesitan una lección de dignidad, firmeza y señorío, quizá deberían mirar hacia Ceuta y observar al señor Vivas. Ojalá tuvieran, aunque solo fuera, la milésima parte de su señorío.

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