Alfredo Conde
A TRIRITA
O galego precisa máis autoestima que normas ortográficas
La vergüenza, como emoción social, nos ayuda a cumplir con las normas sociales, aprender de nuestros errores que, como reacción física, suele acompañarse de rubor, sudoración, taquicardia… y se asocia a pensamientos autocríticos. Piensen, basta un poco, si no tiene motivos más que suficientes Sánchez Pérez-Castejón para sentir vergüenza propia. Pues no, no la tiene; pero la recupera ante las palabras de Mariano Rajoy, en pleno Mundial de fútbol, y exclamar: “Estoy muy avergonzado”. Que tenga condenados al fiscal general, a Ábalos, a su hermano, e imputados a Zapatero, a su mujer, a Cerdán… al final más imputados que diputados, no le causa vergüenza a Sánchez, ni propia ni ajena. La vergüenza de Sánchez es tremendamente selectiva. Al final llego a la conclusión que la selección argentina es al fútbol lo que la política sanchista a España: derrota, faltas, el juego sucio del contrario, arbitraje en contra.
El Mundial de fútbol 2026 dejó una resaca de victoria justa, sin paliativos, de un gran país: España. Si por una vez el fútbol ha sido justo, en esta final lo fue. Evidenciándose el triunfo de lo colectivo, lo asociativo, del bloque, sobre las individualidades. Un éxito propiciado por la argamasa de un seleccionador entrenador, Luis de la Fuente, que fiel a un estilo propio ha sabido mantener su trayectoria desde las categorías inferiores hasta la absoluta, alcanzando ya éxitos como nunca un entrenador de la selección los ha tenido. Aunque el triunfo deportivo se vio salpicado por polémicas pseudopolíticas de personajes que aprovechan el deporte rey para meter cabeza. La situación crispada del país hay que resolverla haciendo política y no aprovecharse del deporte en general y del fútbol en particular para arreglarla. Servirse del fútbol para hacerse notar y tapar miserias de alta capacidad corruptiva no debiera darse. Pero hay quien recupera la vergüenza…
Y otro que tal baila, el presidente de FIFA, Gianni Infantino, que para conservar su sillón presidencial le levanta la tarjeta roja a un jugador americano
Claro que sí, que Rajoy escribió lo que escribió, y uno es esclavo de lo que dice y escribe, y más esclavo aún de lo que los demás interpreten o quieran interpretar. Y los hay deseosos de cualquier desliz -o interpretación del mismo- para arremeter y sacar a pasear teorías de lo peor, y aun pudiendo ser criticable -que depende de la interpretación- lo hacen los mismos que se han callado de su expresidente amigo cuando hacía visita tras visita a países regidos por autócratas, narcodictaduras, bajo excusa de elaborar informes -la chavista sabe de eso-; con los antecedentes de haber dejado España en quiebra económica sin antes decirnos que había brotes verdes y que al final acabó por ser joyero sin saber la procedencia de las joyas. Nos lo explicaría en diez días… y el plazo pasó de largo. Sánchez ante esto no siente vergüenza; cualquier día nos informará que no lo conocía de nada a Zapatero, y no sentirá vergüenza.
Y otro que tal baila, el presidente de FIFA, Gianni Infantino, que para conservar su sillón presidencial le levanta la tarjeta roja a un jugador americano -Balogun- para que pudiera jugar ante Bélgica, por orden de Trump. Este confirma la llamada y, llenándose de razón, hasta defiende “no era falta”. Ni que Trump fuera un experto en arbitraje, en faltas de fútbol. En lo que sí es experto es en defender a su país a través del fútbol y sin ninguna vergüenza, como experto es Sánchez en aprovecharse del fútbol para obtener beneficio propio. Está claro que Infantino no debiera repetir presidencia de la FIFA, no tiene vergüenza. Aunque la vergüenza es una emoción social y tal emoción se la puede guardar para otros menesteres.
Como “fútbol es fútbol” (Vujadin Boskov), axioma para explicar todo lo que sucede dentro y fuera de los estadios, pues todo es posible. Hasta que aparezcan lumbreras tipo Sánchez, Infantino y Trump que, aprovechándose del fútbol para sus propios intereses, ahora digan “hemos ganado” (Sánchez), “soy el más poderoso, que hasta levanto tarjetas rojas” (Trump), “puedo repetir de presidente FIFA, que soy amigo de Trump” (Infantino), sin ninguna vergüenza, aun haya quien les crea. Dicho lo cual, los auténticos triunfadores del Mundial de fútbol son los componentes de la selección española de fútbol. Y como diría Santiago Bernabéu, y visto lo visto: “Lo mejor del fútbol es el balón y para eso es un hijo de puta”. Lo demás de vergüenza interesada.
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