Opinión

Apuesten ustedes también

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Según leí hace unos meses, una señora americana decidió retirar una donación económica que había anunciado para costear el tratamiento contra el cáncer de una niñita de un año de edad al descubrir que la niñita en cuestión, Callie June, tenía dos madres, en lugar de como dios manda un padre y una madre. 

La señora se llama Bren Marie. Pongo su nombre y apellido aquí para que quede claro que si Callie, esa niñita superó el cáncer no fue gracias a Bren Marie que al final se metió los siete mil dólares que le había prometido a Callie ya saben ustedes dónde, en el bolsillo. Seguro que esos siete mil dólares le pagaron a Bren Marie unas vacaciones estupendas en Florida, sorbiendo unos riquísimos combinados con sombrillita hawaiana junto a la piscina del hotel. Y con la Biblia en la mesita al lado del daiquiri, seguro.

A mi no me parece mal tumbarse en la piscina y tomarse una caipirinha o una piña colada. Lo que me y nos parece mal a todos, creo yo, es prometer siete mil dólares a una niñita enferma y después decir que no y pulírtelos en otra cosa. ¿Por qué haría eso Bren Marie? ¿Echarse atrás solo porque la niña no era rubia, o no era negra, o sí lo era, o no tenía papá y mamá, o tenía el pelo liso, o rizado, o a lo peor era un niño? Vaya usted a saber.

No sé más de la historia porque no hay mucha información pero apostaría mis dos manos, con las que escribo, a que Bren Marie es evangélica. Y seguro que no las pierdo. Apuesten ustedes también. Ocho, ocho, ocho; apuesta, apuesta, apuesta; mira, mira, mira; entra, entra, entra; grita, grita, grita; juega, juega, juega.

La historia de Bren Marie es tan repulsiva que no merece la pena que la sigamos. Yo tengo un vecino pastor evangélico del que ya he hablado alguna vez. Le he dado muchas veces ropa a su iglesia. Hacen una labor social. Cáritas me queda lejos y estos están al lado de mi casa. Además los domingos los oigo cantar por el patio de manzana unos espirituales preciosos. Pero cuando salgo a pasear a Atticus, mi chihuahua, y los veo en la acera, familias con sus críos, me dan miedo. ¿Por qué? Porque esos niños no se acercan a Atticus. Como tampoco lo hacen los niños musulmanes. Me costó descubrir que los musulmanes educan a los niños así, los perros son impuros. Ni los miran. Y eso que Atticus es un perrito precioso y supersociable, todos los niños se acercan a él. Pero los niños musulmanes y evangélicos no. Y si lo hacen, sus padres inmediatamente les riñen y se lo impiden. Por supuesto a Atticus eso le da igual. 

Recemos porque Allie se haya curado y porque Bren Marie se vaya a ese infierno en el que seguramente cree, aunque me parece que... ya está en él.