Opinión

Ramón, el dragón comilón

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Ramón, el dragón comilón

Como por casualidades del destino mis escasos libros de cuentos se han publicado en editoriales muy buenas pero más o menos de literatura infantil y juvenil, mucha gente tiende a considerarme un autor de infantil y juvenil. Nada más lejos de la realidad. Cualquiera que lea un libro mío se dará cuenta enseguida.

Como además tengo un Facebook lleno de ¿amigos? ilustradores ya que adoro la ilustración y me gusta ver ilustraciones, por extensión y proximidad con ese tema ojeo muchos libros de LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) en las redes sociales. Durante este confinamiento con el tiempo que nos ha sobrado o no, me he sumergido aún más en la contemplación de ese tipo de libros y cuentos que no me interesan para nada salvo por sus ilustraciones. Y he descubierto que los aborrezco.

Las editoriales de LIJ se han convertido en una especie de fábricas especializadas en editar y producir tonterías sin ningún interés ni siquiera para el bebé más cateto. Con unas ilustraciones preciosas casi siempre eso sí, muy atractivas, pero con textos que dan pena y debería avergonzarnos que se los leamos a los niños. Lo único que merece admiración de la mayoría de esos libros como digo, suele ser la ilustración.

Libros como (me voy a inventar estos títulos para no ofender a nadie en concreto) "Ramón, el dragón comilón", "La mosca del bosque", "Fernandita, la ardillita bonita", o ya entrando en el tedioso tema de la transversalidad y la corrección política "Karím, el camello cantarín".

Sinceramente, yo creo que a los niños les gustaría más "Ramón, el dragón cabrón", "La mosca hosca", "Fernandita, la ardillita asesinita", o "Karím, el camello drogadictín". Con perdón. Pido disculpas por lo aparentemente excesivo.

¿Es que aquí todos se creen Gloria Fuertes? Pues, ¿qué quieren que les diga?, ninguno lo es. Pero lo entiendo, las editoriales y los autores tienen que ganarse la vida como pueden. Lo que me molesta es que sea a costa de tratar a los críos como si fueran idiotas. Pero tal vez ocurre eso porque precisamente los autores de esos textos son idiotas. Y los papás y mamás que compran esos cuentos, lógicamente, se ponen a su altura. Es lo que hay.

Los cuentos clásicos como Blancanieves, La Cenicienta, Hansel y Gretel, Los Tres Cerditos etc., eran mejores y más instructivos. Cuentos en los que había crímenes horrendos, sangre, odios y miedos, robos, canibalismo, envidias, traiciones, mentiras e incluso asesinatos. O sea, Shakespeare. ¿Recuerdan al lobo de Caperucita Roja destripado salvajemente a cuchilladas por los cazadores?, aquello era puro "gore". Pues yo lo prefiero mil veces a "Ramón el Dragón Comilón". A mí aquel lobo me dio más y me regaló unas enseñanzas y una moral mucho más sólidas y coherentes. Creo.

Dejaré para otro día, ahora no tengo espacio ni tiempo, el caso de El Patito Feo, un niño al que le hacían bullying solo porque... era diferente.

Que ustedes lo lean bien. ¡Salud!