Rosendo Luis Fernández
“O que foi, pasou!" Ou hipertimesia
CRÓNICA INTERNACIONAL
La visita de Donald Trump a Pekín, donde se ha visto en varias ocasiones con su homólogo chino, Xi Jinping, ha tenido una doble dimensión, la económica que tanto gusta al presidente de Estados Unidos en su faceta de empresario nacional y mundial, y la geoestratégica que atañe a toda la comunidad internacional. Si en el primer caso Trump puede haber salido de China con una cartera de negocios interesante, en el segundo ámbito se lleva una serie de reconvenciones, admoniciones y consejos que no debe echar en saco roto. Cada uno de los presidentes ha dejado claro a su par cuáles son sus intereses y las líneas rojas que no deben traspasar para que las palabras diplomáticas de buenas intenciones y de amistad no acaben en enfrentamiento.
Si Trump quiere mantener buenas relaciones con China ya sabe que no puede tocar el status quo de Taiwán a la que protege militarmente, pero que todos los líderes chinos consideran parte integrante de su país y que no dudan en anexionarse en algún momento, por eso le animan a tener una gestión adecuada de ese conflicto, que es el asunto más importante de la relación entre ambos países. La respuesta de Trump a esta cuestión está inédita y con su tradicional lenguaje sentimentaloide, todo lo que dijo Xi Jinping le parece “fantástico”, y así afirmó que la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca. El secretario de Estado, Marco Rubio, respondió que la posición de EEUU con respecto a Taiwán no había variado.
Es una buena noticia en cualquier caso que el clima de entendimiento se haya impuesto en la visita de Trump a Pekín y que el presidente estadounidense se disponga a favorecer un marco de estabilidad estratégica constructiva.
El segundo punto que atañe a ambas superpotencias es la guerra de Irán y la situación del Estrecho de Ormuz. La posición china expresada públicamente fue la de señalar que “este conflicto, que nunca debió haber ocurrido, no tiene razones para continuar” y que “encontrar una solución lo antes posible beneficia tanto a Estados Unidos como a Irán, a los países de la región y al mundo en su conjunto”. China, según EE UU se habría comprometido a no enviar armamento a Teherán y se mostró partidaria de la desmilitarización del Estrecho de Ormuz y de que no se imponga ningún tipo de peaje. China recibe buena parte de su suministro de petróleo por esa vía. Ambos países concluyeron en que Teherán no debe contar con el arma nuclear.
Es una buena noticia en cualquier caso que el clima de entendimiento se haya impuesto en la visita de Trump a Pekín y que el presidente estadounidense se disponga a favorecer un marco de estabilidad estratégica constructiva. Pero mientras que Xi parece tener una visión más amplia sobre el futuro de la humanidad, las transformaciones que se avecinan y el hecho de enfrentarse a una encrucijada histórica, Trump solo parece interesado en que la relaciones entre ambos países funcionen y en apelar a que deben ser socios en lugar de adversarios, aunque luego sus hechos no sigan ese rumbo.
En la parte económica Trump se lleva el compromiso de Pejín de aumentar sus compras de petróleo a Estados Unidos, que permitirá diversificar sus fuentes de aprovisionamiento, el encargo a Boeing de 200 aeronaves y la adquisición en Estados Unidos de mayor cantidad de soja y carne de ternera, además del compromiso de Xi de abrir aún más la liberalización de su economía y de ahí que viajara acompañado de algunos delos principales directivos de empresas tecnológicas e inversoras, en una muestra de que el interés mutuo es que el enfrentamiento no coarte el desarrollo económico de ninguna de las dos partes. El tiempo dirá si el encuentro ha servido para rebajar la tensión o las promesas mutuas se diluirán con el paso de los meses.
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