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José Luis Rodríoguez Zapatero fue presidente de España 7 años y 8 meses, entre 2005 y 2011. Tras su mandato, el país quedó en la ruina total, producto de una mala administración. La economía se hundió en una sima de la que costó muchos años salir. Fue muy costoso poner el contador de menos cien a cero para comenzar a construir desde ahí. Pero hubo que hacerlo sin fondos ni ayudas europeas, a puro pulso y apretándose el cinturón todos los españoles.
Zapatero nunca admitió que no debía seguir despilfarrando de forma irresponsable los recursos económicos de España. Nunca hizo caso a las advertencias de Pedro Solbes, que era muy consciente de la ruina en que vivíamos, aunque lo negó con desfachatez en un debate público con Manuel Pizarro a principios de 2008. Zapatero no quería oír hablar del asunto y se enfadaba cuando un ministro le informaba de lo que estaba pasando. El propio exministro coruñés Cesar Antonio Molina dejó por escrito estos días las reacciones irresponsables del presidente en plena crisis. No aceptaba la realidad. “Nos «sacrificaba», y no éramos los primeros, para tapar otras vergüenzas e incapacidades suyas. Sobre todo, su impericia para gobernar. Algunos consejos de ministros me recordaban a la película Rebelión a bordo en sus varias versiones. Le quedaba grande aquella responsabilidad. La baraka no había sido del todo suficiente. Así era como siempre pensaba despistar a la prensa.” Sea o no una reacción despechada de Cesar Antonio, nos muestra un retrato muy negativo de Zapatero presidente de España.
Nunca entendí las razones por las que no se juzga por administración desleal a un presidente que deja a su país como lo dejó Zapatero
Nunca entendí las razones por las que no se juzga por administración desleal a un presidente que deja a su país como lo dejó Zapatero, ya que su gestión entra perfectamente en la tipificación del artículo 252 del Código Penal. Habría que pensarlo. Todo esto viene a lo que hemos visto estas semanas: José Luis Rodríguez Zapatero y su familia se encuentran ahora investigados por conductas delictivas, por no poder justificar el incremento patrimonial, por tráfico de influencia y por cobrar comisiones. El juez tiene datos y pruebas de sus supuestas fechorías que él no ha podido justificar en la declaración judicial.
Ahora, Zapatero no ha dejado a España en ruinas por una administración desleal, ahora ha dejado a los socialistas arruinados por una administración desleal de los principios de los que él mismo era profeta: “Ser socialista es tener poco y dar mucho”. Y ahora son los líderes del sanchismo los que no aceptan la realidad. Sánchez defiende su inocencia y le da todo su respaldo. Patxi López asegura la limpieza de Zapatero. La ministra candidata Diana Morant lo atribuye todo a una conspiración de Donal Turmp. La ministra portavoz asegura que el Gobierno mantiene su confianza a Zapatero y dice que él dará todas las explicaciones. Que no acaba de dar. El trauma causado por el expresidente en las filas socialistas no permite otra reacción que la negación de la realidad.
No puede ser. No ha sido así, Es una conspiración. Es necesario buscar un relato que pueda mantener en alto la moral de la militancia. La frustración provocada por Zapatero necesita una mentira que pueda ser asumida por la izquierda. Necesitan transformar al posible delincuente una víctima. Si es una víctima de la oposición, hay que cerrar filas contra la oposición, reforzar el apoyo al partido, incrementar el odio al adversario que quiere quitarles el poder. Polarizar. Hacer de la necesidad virtud, de tripas corazón. El legado socialista de Zapatero.
Fuera del inmenso charco de corrupción en el que se encuentra el Gobierno y el partido socialista, también se ha extendido la sombra de sospecha sobre las actividades y enriquecimiento del novio de la presidenta de Madrid, Isabel Diaz Ayuso (Por cierto, ya va siendo hora de que pase de novio a marido). Con anterioridad se le acusó de fraude fiscal, una causa que está en proceso y que algún día se convertirá en condena o en absolución. Esta acusación promovió la operación política que le costó la inhabilitación al fiscal general del Estado, nada menos.
Con anterioridad se había acusado a Diaz Ayuso de promover el enriquecimiento de su hermano con la venta de mascarillas durante la pandemia. Una trampa preparada por La Moncloa en la que cayó el entonces líder del PP, Pablo Casado, dejando el puesto y toda su trayectoria política por el camino. Las sospechas no pasaron de ahí. Ningún tribunal encontró delito. Sin embargo, el Gobierno de Sánchez y toda la oposición a Ayuso en Madrid siguen buscando el talón de Aquiles de la presidenta madrileña. Es un intento desesperado por mermar su apoyo social en la capital de España, y, de paso, hacer partícipe a Feijóo de algún tipo de corrupción que alivia el peso de los socialistas.
Lo importante de estos casos es que los procesos judiciales sigan su curso, que se conozcan los delitos y las condenas cuanto antes sin que se eternicen las sospechas.
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