Ana Pastor, jefa del servicio de Neurocirugía del CHUO: “Si dejase de sentir pena o alegría por pacientes, no podría ser médico”
ENTREVISTA
La jefa de Neurocirugía del CHUO, Ana Pastor, nos cuenta como será su próxima misión en Mali.
Ana Pastor (Safí, Marruecos, 1959) es una verdadera trotamundos. Pasó su infancia en Francia, se formó en el Reino Unido y es la jefa del servicio de Neurocirugía del CHUO. Ahora prepara una nueva salida hacia el continente africano convencida de que la medicina, en cualquier lugar del mundo, empieza y termina en el vínculo humano.
Pregunta. Se va a Malí en marzo. ¿En qué consiste esta misión?
Respuesta. Es la segunda que hacemos allí. No vamos a operar, sino a formar. Somos un equipo compuesto por anestesistas, cirujanos, intensivistas y yo como neurocirujana. Trabajamos sobre todo la atención y reanimación del paciente politraumatizado, especialmente por accidentes de tráfico. Allí hay muchísimas motos y los siniestros son tremendos. Les enseñamos cómo reanimar, cómo retirar un casco, colocar un collarín, inmovilizar correctamente…
P. ¿Cuál es el objetivo final?
R. Que tengan autonomía. La primera misión fue formar a médicos. En esta segunda, ellos ya dan la formación y nosotros los supervisamos. La tercera será formar formadores. Se trata de crear una cadena que empiece a rodar sola.
P. ¿Cómo es la realidad sanitaria que se encuentran?
R. Tienen poquísimos recursos. No hay respiradores, apenas ecografía, no hay resonancia ni escáner. Los quirófanos son muy básicos y, aunque los hospitales sean públicos, los pacientes tienen que pagar. Si no tienen dinero, no son atendidos. El sistema de ambulancias es muy precario y las carreteras son tremendas. Desde el punto de vista humano, sin embargo, es una experiencia maravillosa. Son personas muy amables, con ganas de aprender y mejorar el sistema sanitario de su país.
P. También vienen médicos africanos a Galicia.
R. Sí. A través de la Fundación AECID y con apoyo del Sergas, médicos de Mali, Níger o Mozambique vienen a rotar seis meses aquí con beca. Se integran en el hospital, son muy bien acogidos. Y la verdad, en particular el CHUO se porta muy bien con ellos.
P. Ha realizado misiones en Níger en el pasado. ¿Cómo fue la experiencia?
R. Níger es extremadamente pobre, probablemente el país más pobre del mundo junto con Haití. Si caminas por una calle principal puede parecer más o menos normal, pero en cuanto te adentras en las calles pequeñas la realidad es durísima y muy cruda.
P. Cambiando un poco de tema, se habla mucho de robótica e inteligencia artificial. ¿En qué punto estamos?
R. La cirugía robótica en neurocirugía no tiene mucha aplicación en este momento. Trabajamos más con cirugía neuronavegada, ecografía intraoperatoria o microscopio. Hemos solicitado equipamiento para este tipo de acciones al CHUO, como ya tienen todos los hospitales de Galicia. En cuanto a la inteligencia artificial, puede ayudar en la historia clínica, pero la relación médico-paciente y la exploración física no la va a sustituir nunca. Se habla de humanización en la medicina, pero cada vez nos obliga a hacer consultas por internet porque parece que es mucho más eficiente, pero yo sigo creyendo en la medicina en la que el paciente y el médico se ven de frente, hablan y se comunican.
P. La neurocirugía ha sido tradicionalmente una especialidad masculinizada.
R. Las mujeres teníamos y seguimos teniendo que demostrar más. Cuando llegué a Ourense era la única neurocirujana y la primera jefa de servicio del área quirúrgica. Ahora somos cinco neurocirujanas y dos hombres. Hemos avanzado, aunque sigue siendo difícil. A algunos hombres no les gusta mucho que estemos ahí, pero estamos.
P. ¿De qué manera se gestiona el dar malas noticias?
R. Es terrible. No importa la edad del paciente. Dar una mala noticia siempre te tiene que afectar. El día que deje de sentir pena o alegría por un paciente, dejaré de poder ser médico. No hay que despersonalizarse, hay que acompañar. Y cuanto más experiencia tienes, más acompañas.
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