Árboles secos y césped sin cortar dibujan los espacios verdes urbanos de Ourense
ZONAS VERDES
Acusan la falta de riego ante el estrés hídrico y un buen mantenimiento
A la falta de espacios verdes en la ciudad se suma el mal estado de las zonas existentes. Puntos clave para hacer frente al calor como pueden ser el parque Miño, el Barbaña o el Ávila, en Barrocás, presentan un estado de abandono fruto del descuido, al que se suma también la zona del Campus. En estos lugares, el césped quedó abrasado por las altas temperaturas, salpicado de calvas de tierra resquebrajada, mientras que numerosos árboles languidecen como víctimas de un estrés hídrico extremo.
Aunque las recientes lluvias han devuelto un engañoso manto verde a las capas más superficiales, este espejismo meteorológico no logra ocultar el daño estructural provocado por meses de sequía prolongada y, sobre todo, de inacción y falta de mantenimiento continuado. La vegetación crece a sus anchas, con espacios en los que la hierba alcanza prácticamente las rodillas de un adulto. Esto deriva en la proliferación de animales, insectos y roedores, multiplicando el riesgo de picaduras de garrapatas, desvaneciendo lo que debería ser un área de descanso seguro.
Entidades ecologistas como Amigas das Árbores lamentan esta situación y la achacan a una “falta de estratexia” por parte de las administraciones. “Con regar de xeito estratéxico tres ou catro veces durante o periodo de altas temperaturas a situación sería outra”, indican, apuntando además que el abandono no afecta solo a los espacios verdes, “tamén ás árbores do resto da cidade como as das rúas Valle Inclán ou Pena Trevinca que están secas”.
Un problema que se agrava
El diagnóstico de la asociación es contundente. “En Ourense deixan morrer de sede as súas árbores”, lamentan. Esta falta de estrategia agrava una situación de partida ya de por sí precaria. Ourense incumple sistemáticamente las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en materia ambiental (un árbol por cada tres habitantes), situándose a la cola de las capitales españolas. Además, casi ocho de cada diez ourensanos carecen de un gran espacio verde de referencia en su entorno inmediato. Así lo refleja un estudio de la organización ecologista Amigas da Terra y el Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid.
En una ciudad de altas temperaturas estivales, cumplir con estas métricas se convierte en una urgencia de salud pública. La vegetación es la única infraestructura capaz de ejercer como un verdadero refugio climático, mitigando el peligroso efecto “isla de calor” y rebajando la temperatura del asfalto. Sin embargo, desde el colectivo ecologista denuncian la contradicción de las políticas municipales actuales. “Está moi ben plantexar novos refuxios climáticos, pero se non se coidan os que xa temos non imos a ningunha parte”, advierten, en referencia al proyecto que se está llevando a cabo en la avenida Otero Pedrayo.
Garantizar la supervivencia de estos pulmones verdes exige adaptar los servicios a la nueva realidad climática. Actualmente, las labores de mantenimiento, riego y desbroce de los parques y jardines de la ciudad están externalizadas y corren a cargo de una empresa concesionaria.
Las prolongadas olas de calor, que cada vez van a más, y la sequía evidencian la necesidad de que la firma externa encargada del servicio y el Concello refuercen su coordinación para optimizar los recursos disponibles. Asegurar riegos estratégicos a tiempo ya no es solo una cuestión de embellecimiento, sino un esfuerzo conjunto indispensable para proteger el patrimonio natural frente a unos veranos cada vez más extremos.
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