IGLESIA EN OURENSE
Fátima y sus “chicos del coro”
HASTA DOCE MODELOS DIFERENTES
La tarjeta de presentación de una ciudad son sus jardines, sus calles y su urbanismo. Es lo primero que observa cualquier visitante que llega por pimera vez a una nueva localidad. Y dentro de su urbanismo resulta inevitable que tenga un contacto continuo con el callejero urbano, que es la guía analógica que le ayudará a moverse y llegar a su destino.
En ese paseo urbano, las placas que identifican las calles generan sorpresa e incertidumbre a partes iguales porque su estilo, tipo de materiales, tipografía, idioma, colores y formatos varía en cuestión de pocos pasos. Es un caos identificativo que encaja perfectamente con una urbe que le aprietan las costuras, donde las aceras actúan a modo trampa y donde el avance del hormigón sustituye a las zonas verdes.
En la capital conviven hasta doce modelos diferentes de placas identificativas, sin criterios aparentes para la rotulación en una u otra vía a pesar de ser la misma calle o estar situadas a escasos metros unas de otras. Las hay de granito con letras en bronce, de granito con el nombre grabado en la propia piedra, las de metal azul rotulado en blanco -vestigio de una moda ya olvidada de finales del siglo XX-, de piedra con fondo negro, placas en bronce y distintos tipos de rotulación en cerámica, más comunes en el Casco Histórico, o las historiadas y creadas por el artista Carlos Costoya, con su característico tono azul.
En muchas de ellas se nota el evidente abandono por el paso del tiempo, como las placas de piedra a las que se ha añadido el nombre de la calle con letras de bronce. Faltan letras en muchas de ellas y a pesar de su deterioro no se reponen. Estas señales conviven con otros de factura posterior, también en piedra, pero en las que se ha optado por su grabado en lugar de la utilización de letras metálicas. Aunque la estética es similar la diferencia es notable, sobre todo, en calles que comparten esquina.
El Casco Histórico padece la misma identidad confusa que el resto de la ciudad. En su callejero quedan vestigios de las antiguas placas de cerámica que van desapareciendo a medida que van cayendo muros y desmoronándose casas en una perfecta alegoría del futuro de este entorno.
Los callejeros de las grandes ciudades españolas siempre tienen una calle Bailén, una forma de conmemorar la batalla ganada por los españoles a las tropas francesas en 1808. La Junta Suprema, el órgano que gobernaba España en ese momento, emitió un decreto en el que se obligaba a instaurar en lugares públicos esa denominación. Como nunca fue derogado ese decreto, la costumbre se ha mantenido en el tiempo en los callejeros españoles. En Ourense ocupa un lugar muy céntrico, en pleno Casco Histórico y a muy pocos metros del Concello de Ourense. Aquí, como en el resto de la ciudad, se puede encontrar su rotulación en distintos formatos, piedra y cerámica, pero eso sí, con la misma falta de atención que el resto del callejero municipal.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
IGLESIA EN OURENSE
Fátima y sus “chicos del coro”
HASTA DOCE MODELOS DIFERENTES
El callejero infinito de Ourense
PARTICULARIDADES OURENSANAS
Vivienda, titulaciones e IA: las propuestas de la UVigo en las elecciones a rector