David Aramburu, del Campus de Ourense a la vanguardia oncológica de Nueva York

LUCHA CONTRA EL CÁNCER

El radiofísico ourensano David Aramburu ha sido reconocido como Alumni por la Universidad de Vigo por su trayectoria en el prestigioso Memorial Sloan Kettering de Nueva York, donde trabaja desde 2015

David Aramburu, radiofísico en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.
David Aramburu, radiofísico en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.

El Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York es uno de los centros de referencia mundial en la lucha contra el cáncer. Allí trabaja David Aramburu, un radiofísico e investigador ourensano especializado en braquiterapia que acaba de ser reconocido como Alumni por la Universidad de Vigo.

Descubrió su vocación sanitaria casi por casualidad, cuando estudiaba Física en el campus de Ourense, gracias a la asignatura de Radioactividad y Radioprotección. “Fue un poco la que me dio esa visibilidad de decir: ostras, hay físicos trabajando en medicina, qué interesante”, recuerda. A partir de ese momento, su trayectoria se convirtió en una carrera de fondo marcada por el esfuerzo. Se trasladó a Madrid para cursar un máster en la Universidad Complutense y, posteriormente, superó el examen de Radiofísica Hospitalaria (RFIR) -el equivalente al MIR para su disciplina-, lo que le permitió realizar su residencia en el Hospital Meixoeiro de Vigo.

Prestigio

Fue precisamente durante su etapa en el centro vigués, mientras desarrollaba su tesis doctoral, cuando surgió una colaboración de tres meses con el Memorial Sloan Kettering. Aquella estancia temporal cruzando el Atlántico se prorrogó de tres meses a un año, y finalmente culminó con su incorporación a la plantilla neoyorquina, donde trabaja desde 2015. El prestigio de su hospital no le impone, sino que lo anima a esforzarse al máximo. “Poco a poco te vas acostumbrando y después de tantos años es como tu casa, lo normalizas un poco en el día a día”, asegura.

Dar el salto a Estados Unidos supuso un reto, pero Aramburu lo valora como una decisión clave. “Siempre salir de la zona de confort da vértigo, pero yo creo que es gratificante. El Memorial es un sitio de referencia mundial y era una oportunidad profesional que no se podía rechazar”, afirma.

En su día a día, Aramburu es especialista en braquiterapia, una técnica que consiste en colocar una fuente radiactiva muy cerca o en contacto directo con el tumor. Su misión es garantizar que este proceso se realice con precisión milimétrica y bajo estrictos controles de calidad. De cara al futuro de la especialidad, el físico médico subraya el impacto de las nuevas tecnologías: “Está muy en avance el uso de inteligencia artificial y la automatización de procesos para individualizar mucho el tratamiento, es decir, que cada tratamiento sea como un guante para ese paciente”.

Cronificación

A pesar de trabajar en la vanguardia médica, su aspiración profesional es profundamente humana. Al ser preguntado por el futuro de la investigación, su primera respuesta es rotunda: “Me gustaría que el cáncer no existiera, que desapareciese y no tener trabajo”. Sin embargo, siendo realista a corto plazo, su gran esperanza médica pasa por la “cronificación de la enfermedad”, logrando que los pacientes puedan convivir con ella manteniendo una alta calidad de vida sin que resulte letal.

Asentado en Estados Unidos, Aramburu representa el éxito del talento formado en Ourense, pero también evidencia el problema de la fuga de cerebros. Desde su perspectiva, salir al extranjero es positivo porque “adquirir perspectivas en otros centros te enriquece como profesional y hace que crezcas”. El reto, señala, es facilitar el camino de vuelta: “España debería invertir mucho más en investigación y desarrollo para que ese talento igual no se vaya”. Aunque por ahora no tiene planes inmediatos de regreso, admite que la idea de volver a casa siempre permanece en su mente.

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