El sur del Casco Vello de Ourense agoniza: 1.000 bajos y 1.500 casas vacías

CASCO HISTÓRICO

Empresarios y comerciantes aseguran que la zona “está muerta”, y destacan que al abandono desde el Concello se unen la falta de clientes y el preocupante aumento de la delincuencia

Más de la mitad de edificios del Casco Vello están en ruina o estado deficiente, del 90% de locales están vacíos y los visados de obra escasean.

En Praza Pena Vixía, sur del Casco Velllo, se observan inmuebles abandonados.
En Praza Pena Vixía, sur del Casco Velllo, se observan inmuebles abandonados. | La Región

El sur del Casco Vello de Ourense se ha convertido en un inventario de cifras críticas que describen una realidad de abandono acrecentado con los años, tras 20 años desde que se ejecutaron los últimos coletazos del que fue el último plan municipal para “sanear la zona monumental”.

En la actualidad, el 50% de las viviendas de la zona están vacías, lo que supone un total de 1.546 unidades residenciales sin vida. La gravedad de la situación se hace evidente al analizar el estado de conservación de este patrimonio: el 60% de estos inmuebles presenta un estado de deterioro o deficiencia grave, mientras que 67 edificios se encuentran ya en la ruina absoluta.

Este colapso residencial tiene su reflejo en el tejido comercial, donde nueve de cada diez bajos están cerrados, sumando 960 locales sin uso en el perímetro que abarca desde las calles Bailén, Cervantes y Cabeza de Manzaneda hasta las inmediaciones del Posío. Esta degradación física ha provocado una sangría demográfica irreversible que, según los datos del Padrón Municipal, supuso la pérdida de 2.000 vecinos entre los años 2014 y 2024.

La parálisis actual contrasta con el impulso que supuso la aprobación del Plan Especial de Reforma Interior (PERI) en 1996. Durante aquella etapa, el Concello logró un impacto positivo mediante ayudas directas que permitieron rehabilitar las estructuras de 85 viviendas en riesgo de colapso, además de modernizar el entorno con el soterramiento de cables y la peatonalización controlada

Sin embargo, aquel entusiasmo transformador se extinguió hasta dejar el plan en un estado de parálisis técnica que dura hasta hoy. De hecho, solo ocho de las dieciocho unidades de ejecución previstas en el PERI llegaron a materializarse hasta este 2025, cuando vencía su vida útil. La inactividad es tal que, en el pasado año solo se visaron cuatro licencias de obra en la zona histórica entre los meses de enero y noviembre, una cifra mínima que confirma el estancamiento burocrático y constructivo del barrio.

Para encontrar una apuesta presupuestaria de calado hay que remontarse al inicio del siglo, cuando el Plan Urban -la parte financiera-, que llegó casi en paralelo al PERI -la parte téncica-, inyectó 14 millones de euros entre los años 2000 y 2007. Aquella inversión permitió la peatonalización de las calles principales, la creación del Centro de Interpretación de las Burgas y la recuperación de edificios estratégicos para usos municipales, como la Cárcere da Coroa, el edificio Simeón o el centro cívico de Colón. Fue una época en la que se levantaron de la ruina más de 80 inmuebles bajo una estrategia de saneamiento monumental que desapareció tras la crisis de 2008.

Desde entonces, el interés municipal por la zona histórica pasó a un segundo plano y los mecanismos de protección han dependido casi exclusivamente de los programas de la Xunta de Galicia. Pese a que el Gobierno autonómico ha rehabilitado una decena de edificios en la zona sur, el esfuerzo resulta insuficiente ante la magnitud del problema: de los 1.060 inmuebles del casco histórico, 62 están en ruina, 132 en mal estado y 429 presentan deficiencias muy graves.

Nueva oportunidad

La declaración del Casco Vello como Área Rexurbe en marzo de 2025 se presenta como la última oportunidad administrativa para revertir esta tendencia. Esta figura busca facilitar la rehabilitación de viviendas y la reurbanización de espacios públicos con el objetivo de atraer de nuevo población residente que sostenga al comercio de proximidad. No obstante, la estrategia permanece bloqueada a la espera de que el Concello de Ourense mueva ficha y elabore un plan de actuación concreto. Mientras la administración local no presente una hoja de ruta técnica, el futuro del Casco Vello Sur seguirá anclado en la nostalgia de las inversiones de hace dos décadas y en un deterioro arquitectónico que no se detiene.

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