Centro comercial Ponte Vella: 25 años del gran escaparate del Miño

DESDE 2001

Inaugurado en 2001 por empresarios locales, el centro comercial Ponte Vella celebra su 25 aniversario consolidado como motor económico. Con seis millones de visitantes anuales, el complejo afronta el reto digital apostando por el ocio y experiencias físicas.

Largas colas de coches para acceder al Ponte Vella, en octubre de 2001 y entrada peatonal principal al complejo, hoy.
Largas colas de coches para acceder al Ponte Vella, en octubre de 2001 y entrada peatonal principal al complejo, hoy.

El 4 de octubre de 2001, Ourense inauguró el centro comercial Ponte Vella, un complejo que transformó la ribera del río Miño y el mapa de las compras en la provincia. Aquella histórica jornada inaugural, definida por el entonces conselleiro de Industria, Juan Rodríguez Yuste, como “el símbolo de la modernización urbana junto al recién estrenado puente del Milenio”, supuso el colofón a una inversión de 27 millones de euros.

Sus 25.000 metros cuadrados de superficie útil, estructurados en tres plantas y dotados con setecientas plazas de garaje, lo convirtieron entonces n el recinto de estas características más grande de Galicia. A diferencia del modelo habitual de la época, que apostaba por instalarse en el extrarradio, este proyecto se situó dentro del propio núcleo urbano impulsado por los comerciantes ourensanos. “Fue una decisión estratégica importante para buscar que la gente que fuera al centro comercial pudiera ir también al comercio de calle y viceversa”, explican desde la gerencia.

Un cuarto de siglo después, el espacio mantiene su posición con una afluencia anual consolidada de seis millones de visitantes. A este volumen de tránsito se suma su papel como motor económico, albergando en su interior casi 80 locales y sosteniendo de forma directa alrededor de 600 puestos de trabajo. Su estabilidad operativa radica en una estructura atípica dentro del sector. “Funcionamos mediante una comunidad de propietarios regida por una junta directiva, una comisión permanente y una asamblea general integrada por los propios comerciantes e inversores locales”, indica Marcos Vila, gerente de Ponte Vella, que explica que esta organización permite mantener las decisiones ancladas a los intereses de la ciudad.

En la actualidad, el principal desafío del complejo es competir contra la inmediatez del comercio electrónico. La respuesta ante este cambio de hábitos pasa por reducir la dependencia exclusiva de las compras tradicionales y potenciar la experiencia física del consumidor. La gerencia subraya que su objetivo es ejercer como un “punto de encuentro” configurando “la mejor variedad posible de tiendas y de locales de restauración”, asumiendo que el ocio gana cada vez más peso como motor de atracción. Para materializar esta estrategia, el recinto mantiene una renovación constante de sus espacios de entretenimiento, traducida en la modernización de los cines, la apertura de nuevas áreas infantiles y la diversificación de su zona gastronómica.

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