Un enfoque basado en las personas
Atención Centrada en la Persona (AICP)
La residencia de Santa Cruz de Arrabaldo de Ourense es una de los 11 de la Fundación San Rosendo para personas con discapacidad, además de centro promotor del Modelo de Atención Integral Centrada en las Personas (AICP).
El modelo de Atención Centrada en la Persona (AICP) es una metodología de cuidados que la Fundación San Rosendo ha puesto en marcha en centros para mayores como en los centros de personas con discapacidad y se despliega a través de los equipos promotores que darán formación y apoyo al resto de centros. Han sido seis años de trabajo y aprendizaje continuo que ha impulsado el equipo promotor y la dirección de la entidad y que tiene en la residencia Santa Cruz de Arrabaldo uno de sus centros promotores.
El modelo se centra en cuatro fases de la asistencia: Pre-acogida, Acogida, Vida en el centro y Despedida, basándose en las metodologías historia de vida, plan de atención y vida, profesional de referencia, unidades de convivencia y humanización de espacios.
Bases asentadas
Según explica Isabel González, directora de la residencia, la adopción de este modelo nació por “la necesidad de un cambio en la atención a las personas con discapacidad. Esto, unido a la inquietud de la Fundación San Rosendo (FSR) por mejorar cada día la atención a usuarios y familias, así como producir un incremento del bienestar de nuestros trabajadores en la atención y cuidado que suministran cada día”. Si bien las bases del modelo ya estaban asentadas, porque “discapacidad y atención individualizada, por propia patología, iban muy de la mano”; los principales cambios se han materializado en “la autonomía de la que se ha dotado a usuarios que ha incrementado su bienestar y ha reducido la conflictividad del día a día”. Pero es el cambio de enfoque en la forma de trabajar el cambio más importante al “dotarles de herramientas para poder elegir, el ofrecerles la posibilidad de que se sientan como en casa con ese calor de hogar, que muchas veces es lo que más echan en falta. Que no hay que confundir, con que no haya rutinas o normas de convivencia, que por supuesto, las tiene que haber”, puntualiza Isabel.
Personas únicas
Esto lo han notado tanto los usuarios como sus familias. Los primeros son “el centro de todas nuestras actividades. Nos acercamos a su día a día, cada gesto, cada palabra tiene impacto en su vida. Cada persona es única y tiene su proyecto vital, por tanto, la atención personalizada es indispensable para acompañar ese proyecto”. En el caso de las familias, explica la directora de Santa Cruz que “se están adaptando al modelo”, si bien su incorporación está siendo progresiva.
De este modo han avanzado en confianza y conocimiento en la relación entre cuidadores y usuarios con un incremento de la satisfacción de los usuarios, más involucrados en sus propios cuidados. El cambio, en general, ha sido “muy positivo”, tal y como lo califica la trabajadora María Pilar Somoza y ahora “trabajamos como haríamos si estuviesen en su casa, atendiendo a sus necesidades con más dedicación y cuidado, los cuidamos como personas que son, cada persona que cuidamos es un ser único y como tal es tratado”. Con ella coinciden sus compañeras Elvira Giráldez y Dolores Cacheiro. Ambas valoran gratamente esta nueva metodología, percibiendo la “mejoría importante” que han experimentado muchos de los residentes.
Además de un cambio hacia los usuarios, también ha variado la forma de trabajar el equipo, que ahora ejercen en su día a día “con mucha comunicación, reuniones y puntos de encuentro del personal, equipo técnico y dirección donde compartimos necesidades, sugerencias o cambios para poder hacer y que todas las necesidades y bienestar de nuestros usuarios estén satisfechas tal y como nos gustaría para con nosotros mismos”, explica Elvira Giráldez.
En todo este proceso, el papel de las familias “es fundamental”. Así lo explica la educadora social María Castro, valorando su colaboración a la hora de conocer en mayor profundidad los gustos, deseos y costumbres de cada una de las personas que residen en el centro. Para ella, “el modelo de AICP, es clave para asegurar que cada persona reciba respeto, dignidad y el apoyo que necesita para vivir una vida plena y autónoma dentro de sus posibilidades”, teniendo en cuenta que “ponemos a cada persona en la prioridad y centro de todo el proceso de toma de decisiones”. Así, “la inclusión, el respeto y la empatía son fundamentales para construir un entorno más adaptado a cada persona”.n
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