Galería | Fantasía, caramelos y tractores en la Cabalgata de los Reyes Magos de Ourense
UN DÍA LLENO DE ILUSIÓN
La Cabalgata de los Reyes Magos volvió a recorrer las calles de Ourense transportando alegría y congregando a cientos de familias
El protocolo de bienvenida a Sus Majestades de Oriente exigía sonrisas. La etiqueta para la ocasión fue de manos abiertas para recibir los caramelos. En Ourense, los Reyes Magos, cumpliendo una estricta ruta, recorrieron el trayecto que inició en la estación de tren y culminó en la Plaza Mayor, hasta donde su amplio cortejo los acompañó.
Una vez en Progreso, a la comitiva mágica se le adicionó una representación nunca antes vista en la historia universal de las cabalgatas: los tractores. Las máquinas desde hace días aparcadas en el centro de la ciudad por una huelga, fueron representadas en esta procesión sin igual, ataviadas con luces y haciendo sonar bocinas cuya respuesta fueron los aplausos de los ourensanos; pues, muchas veces, la magia también va acompañada del sentido común, aunque no por ello la alegre solemnidad dejó de estar presente.
Los primeros guardias de la cabalgata, portando banderas, precedieron a la música de panderetas y tambores a ritmo de “Si estalla el mundo, será porque te amo”, y justamente una detonación de júbilo, cuya onda expansiva abarcó toda la avenida Progreso, se mantuvo mientras duró el desfile. Entonces llegó el lanzamiento de caramelos con el arribo de los bomberos, quienes momentáneamente pusieron en descanso su labor de apagafuegos para encender, con sus destellos en forma de dulces, la más tierna y benigna de las llamas: la ilusión de los niños.
Faltaba mucho para que los portadores de oro, incienso y mirra trajeran con su paso la bienaventuranza. Antes de que los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar fueran exclamados a viva voz, transitaron una carroza marina, una legión romana a paso marcial, una representación del Polo Norte, muñecos luminiscentes en forma de humanos y caballos que se acercaron a los niños, para quienes la baja temperatura parecía inexistente. Progreso, transformado en un escenario horizontal, también abrió filas para el paso de mercaderes orientales, payasos, zancudos y fantásticas mariposas sobre patines. El distinguido séquito, lleno de maravillas, también tuvo una representación espacial: un sistema solar cuya fuerza de atracción eran las voces de los niños que reconocían los planetas.
¡Y por fin llegaron los Reyes! Con paso regio sobre camellos y acompañados por sus pajes, saludaron con distinguida placidez. A sus orientales altezas correspondían llamados simultáneos y quién sabe si entre ellos había alguna petición todavía no hecha en papel. Pero la retaguardia no podía quedar desprotegida: soldados de caramelos custodiaban el flanco trasero de los Reyes y, como cierre, una representación de juegos electrónicos también hizo acto de presencia, demostrando que la tradición y lo moderno van de la mano cuando se trata de una ocasión como esta. Una vez llegados a su destino, y descansando los camellos sobre la paja, la siempre inclinada Plaza Mayor pareció hacer una reverencia más ante Sus Majestades.
Contenido patrocinado