Julio Pérez, residente en Santa Marta: antología de una vida en verso

POESÍA

A los 85 años, Julio Pérez ha publicado una antología poética desde la Residencia Santa Marta. Su obra es el resultado del modelo de atención y las personas de referencia de la Fundación San Rosendo

Aldara Carril y Julio Pérez.
Aldara Carril y Julio Pérez.

Bajo el modelo de atención centrado en la persona que impulsa la Fundación San Rosendo, la residencia Santa Marta de Santa Cruz de Arrabaldo ofrece a sus usuarios un acompañamiento integral bajo el modelo de Atención Centrada en la Persona, que apuesta por ofrecer a los residentes un día a día basado en sus intereses personales. En este contexto, Julio Pérez, un ferrolano de 85 años, ha publicado una antología poética que sintetiza décadas de reflexión metafísica y rigor técnico. Su historia no es solo la de un escritor tardío, sino la de un hombre cuya identidad, forjada entre los planos de los astilleros y una biblioteca personal de más de 750 volúmenes, se mantiene intacta gracias a un modelo asistencial que prioriza al individuo sobre la institución.

Julio Pérez es, ante todo, un hombre de precisión milimétrica. Durante su vida profesional, alcanzó la máxima categoría como delineante en la oficina técnica de Astano, la emblemática empresa naval de Ferrol. Esa formación como proyectista, acostumbrado a la exactitud del dibujo industrial, se manifiesta hoy en su forma de entender la poesía. Para Julio, un poema no es solo una expresión de sentimientos, sino “una estructura que debe rozar la perfección”. Aunque comenzó a escribir poesía “muy tarde”, a los 41 años, su relación con los libros nació antes incluso de que supiera leer. Recuerda con nitidez cómo su abuelo le leía y cómo sentía una fijación casi física por los libros, sintiendo una profunda frustración si visitaba una casa y no recibía un ejemplar como regalo.

“La urdimbre de la nada” es el título del libro en el que recoge versos escritos, siempre de su puño y letra, entre 1981 y 2025. En ellos, Julio se adentra en las grandes cuestiones de la existencia, como son la religión, Dios, el universo y, con especial énfasis, el paso del tiempo y la muerte. Cuenta con ilusión que científicos de renombre, como José Luis Acuña Andrade, han señalado que sus versos guardan una asombrosa coherencia con las teorías físicas más recientes sobre el universo. Julio recibe estos elogios con la alegría de quien escribe por necesidad vital, no por reconocimiento. “El escritor lo hace sin pensar que vas a tener esa trascendencia. Después se ve porque un experto lo dice. Pero las temáticas son en poesía siempre la religión, el universo, la vida en general y la muerte”, explica.

El éxito de Julio no habría sido posible sin el ecosistema de la Fundación San Rosendo, que hace siete años implantó en la Residencia Santa Marta el Modelo de Atención Centrado en la Persona (ACP).

Detección de potencial

Este paradigma huye de la atención generalizada para centrarse en lo que denominan la “persona de referencia”. Ese puente humano entre la institución y el poeta lo tiende Aldara Carril, auxiliar de enfermería y persona de referencia de Julio. Fue ella quien detectó el potencial literario de Julio tras realizar su historia de vida al ingreso. Al descubrir su trayectoria y sus intereses, el equipo de Santa Marta decidió que su plan de cuidados debía incluir, necesariamente, el apoyo a la publicación de su libro. “Nosotros lo que hacemos es saber sus gustos y necesidades, y trabajamos sobre eso. Le animamos mucho también a hacer este libro ahora porque, como le gusta, queríamos también que él se sintiera a gusto aquí con nosotros”, cuenta Aldara. Esta labor de motivación ha sido crucial para que Julio, a pesar de sus 85 años y de las limitaciones propias de la edad, mantuviera la disciplina necesaria para organizar su antología.

Según él mismo cuenta, no es una simple recopilación, sino un legado literario cuidadosamente organizado. Dividida en tres partes, la obra incluye poemas de sus libros previos, pero el corazón del proyecto son tres poemas inéditos escritos recientemente. En ellos, Julio explora nuevos horizontes, como su vinculación emocional con Portugal o la idea del “yo poético” que se sitúa voluntariamente al margen de la sociedad para preservar su esencia.

A pesar de la alegría que supone ver su obra publicada, Julio no abandona el rigor del delineante. Se muestra crítico con cualquier detalle técnico de la edición que no alcance la perfección, argumentando que la estética del libro es inseparable de la calidad del verso. “La poesía exige una precisión no solo en el poema, sino en todo lo que rodee al poema, porque hay que presentarlo en forma de libro que la gente pueda leer. Los aspectos físicos no pueden estar perjudicando al contenido”, sentencia con firmeza.

Estos tres poemas inéditos “han recibido muchos elogios, cosa que me congratula, porque a mi edad ya lo lógico es no hacer nada. Sería como indicar un nuevo camino, pero ya no voy a tener tiempo para esos nuevos caminos”, reflexiona. Su libro, trabajado codo con codo con sus hermanos, es la prueba de la efectividad del modelo de atención centrado en la persona.

La persona de referencia, pilar fundamental del bienestar

El libro de Julio ha sido posible gracias a la filosofía de la Fundación San Rosendo, que hace siete años implantó en la residencia Santa Marta el Modelo de Atención Centrado en la Persona (ACP), una metodología que huye de la atención generalizada para centrarse en lo que denominan la “persona de referencia”. Carolina Rodríguez, educadora social del centro, define esta figura como el pilar fundamental del bienestar del residente. Para ella, el objetivo es que el usuario no sienta que entra en una residencia, sino que continúa su vida en un nuevo hogar que respeta sus aficiones y sus ritmos.

“La persona de referencia es lo más importante de esta nueva forma de atender, porque aparece ya desde el momento de ingreso; es un acompañamiento que hace que las personas se puedan adaptar y se sientan como en su casa”, afirma Carolina. En el caso de Julio, este modelo permitió recoger datos de su historia de vida para que pudiera seguir desarrollando sus capacidades intelectuales. El centro se acomodó a él, buscando los espacios y momentos para desarrollar su pasión por la lectura y la escritura.

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