La lucha y cesión del jefe de “Estupas”

LA LUCHA CONTRA LA DROGA, DESDE DENTRO

Combatir el tráfico de droga implica vivir 24 horas al día, siete días de la semana investigando para detener a los traficantes, esto se traduce en pasar menos tiempo con la familia, lo que conlleva ausencias en cumpleaños, vacaciones e incluso divorcios

Miguel Marín, en su despacho en la comisaria de la Policía Nacional de Ourense.
Miguel Marín, en su despacho en la comisaria de la Policía Nacional de Ourense. | MIGUEL ÁNGEL

"No ha sido fácil llegar a donde he llegado”, confiesa Miguel Marín (Ceuta,1966), jefe del Grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional en Ourense. Este año cumple 35 años en el cuerpo y a sus casi 59 años tiene claro que está en la recta final de una larga trayectoria de la que se siente profundamente orgulloso. Echa la vista atrás y su sonrisa le delata, le encanta su profesión, pero también ha conocido de cerca la otra cara: el coste personal.

La lucha contra la droga es sinónimo de ausencia, implica vivir 24 horas, siete días a la semana pensando en cómo pillar a los malos. Los termómetros superan los 40 grados en Ourense en los últimos días de junio, está de vacaciones, pero sigue pendiente de su móvil y no es capaz, mientras toma un café con hielo, de relajarse y dejar que todo fluya a su alrededor. “Miro para todos los sitios, es instinto, observo qué movimiento está haciendo, si es sospechoso”, explica Marín.

“Somos buenos policías, pero cuando nuestras ex nos dicen que no hemos sido buenos maridos o buenos padres no lo voy a negar”

Nunca deja de ser policía y esto se traslada a todos los aspectos de su vida. “Estoy siempre en alerta, incluso en vacaciones, cuando eres responsable de un grupo no puedes desconectar”, señala. Esto provoca que frecuentemente los éxitos profesionales coincidan con momentos personales duros. “¿Qué consecuencias tiene esto? El tema personal, somos buenos policías, pero cuando nuestras ex nos dicen que no hemos sido buenos maridos o buenos padres no lo voy a negar”, confiesa.

Por trabajo se ha perdido muchos momentos con sus seres queridos, como cumpleaños de sus hijas o vacaciones. La última vez a finales de mayo, tenía todo planeado con su familia para ir a Canarias a desconectar, pero la operación en Covadonga le frustró los planes. Faltaban varios días para llevarla a cabo, pero tenía que estar al pie del cañón para ultimar todos los detalles.

Esta decisión fue la gota que colmó el vaso y otra vez vio la doble cara de su trabajo. Tras la operación, en casa su mujer le solicitó el divorcio mientras en su trabajo compañeros y superiores felicitaban al Grupo de Estupefacientes por el éxito de la operación. Consiguieron la mayor aprehensión de heroína a nivel nacional este año: 3,2 kilos.

Primera vez en Covadonga

Esta operación, que supuso el mayor golpe dado nunca contra el tráfico de droga en este barrio, fue fruto de años de trabajo y de fe. La primera vez que fue a Covadonga como policía aparcó el coche y se limitó a esperar. Poco después se le acercó una mujer ofreciéndole droga, él la engañó, le dijo que sí quería y le preguntó cuánta podía conseguir. Ella le dijo que diez gramos y fue a buscarlos, pero cuando llegó, Marín le enseñó la placa y se la llevó detenida.

Covadonga ha sido un quebradero de cabeza para todos los Grupos de Estupefacientes desde hace décadas. En el caso de Marín, su experiencia le permitía tener confianza. Tras conseguir la plaza como Policía, a inicios de los 90 fue destinado a Las Palmas.

En la isla le atribuyeron el sector 11, una zona famosa por su peligrosidad. Allí desembarcaban barcos de distintas nacionalidades y los pasajeros solo podían moverse por esa zona, en la que circulaba gran cantidad de droga: cocaína, hachís o heroína. Esta experiencia lo curtió y lo ayudó mucho una vez tomó las riendas de la lucha contra la droga en la ciudad de Ourense.

En 2016, Marín dirigió su primera operación en Covadonga. Fruto de un trabajo previo de vigilancia, accedieron a uno de los domicilios del barrio y detuvieron a cuatro personas y se incautaron de 81 papelinas de cocaína, 88 de heroína, así como una escopeta de cañones recortados.

Esta operación se produjo semanas después de que Miguel Marín fuese nombrado jefe de Estupefacientes de la Policía Nacional de Ourense. Accedió al puesto hace una década, en 2015, en medio de un contexto complicado, ya que la operación “Zamburiña” sacudió los cimientos de la comisaría. “Mi primer objetivo era demostrar que la Policía seguía, todos somos profesionales y qué mejor que empezar por Covadonga”, señala Marín.

Una de las condiciones que puso para aceptar el puesto fue elegir personalmente a cada miembro del equipo. Era (y sigue siendo) ambicioso y quería a los mejores. Al principio los integrantes del Grupo de Estupefacientes eran conocidos como los “cuatro jinetes del apocalipsis”, en una clara referencia al número de sus integrantes. Eran pocos y los medios muy escasos, pero poco a poco fueron creciendo y en la actualidad está formado por ocho efectivos. “Tengo el mejor Grupo de Estupefacientes que hay en España”, asegura tajantemente Marín.

Aprendizaje continuo

Los traficantes están siempre buscando estrategias para burlar la acción policial, por lo que los agentes viven en continuo aprendizaje. Una de las leyes que aprendió Marín se la enseñó la primera persona de origen dominicano que detuvo en Ourense. “Me dijo: ‘Un buen traficante de drogas nunca va a dormir con la droga”, recuerda.

Por ello, una cualidad muy importante en los integrantes de un grupo de “Estupas”, como los conocen los traficantes, es la imaginación. De hecho, Marín siempre se caracterizó por utilizar formas innovadoras para sorprender a los delincuentes. Un ejemplo de ello sucedió en abril de 2020. Recibieron la llamada de una persona, la cual no conseguía abrir la puerta del garaje, y comprobó que la atrancaba una bolsa de plástico con varios envoltorios que contenían una sustancia de color blanco, que finalmente resultó ser cocaína.

Los agentes decidieron colocar en el mismo lugar del garaje una bolsa con harina, simulando la real. Días después, el malo cayó en la trampa y recogió la bolsa simulada ante la vigilancia de los agentes. En otro caso, utilizaron el mismo modus operandi y le añadieron una nota manuscrita en la que se hacían pasar por un transeúnte y daba cuenta que se había quedado con la droga. Escribió su teléfono: si el dueño de la mercancía quería recuperarla tendría que llamar para entablar una negociación.

La esperada llamada se produjo y el interlocutor se presentó como el propietario de la sustancia estupefaciente, dispuesto a negociar. Los policías tiraron del hilo y el posicionamiento del móvil les llevó hasta su paradero. “El Grupo de Estupefacientes es muy especial”, añade con orgullo.

“Tengo claro que moriré como policía”

La trayectoria de Miguel Marín hasta llegar a liderar el grupo antidroga en Ourense no fue nada fácil. Nació y pasó sus primeros años de vida en Ceuta, pero luego se mudó a Ourense debido al traslado de su padre, militar, a la provincia gallega. Cuando era adolescente todo apuntaba a que se ganaría la vida como futbolista -marcó más de tres goles en su primer partido con el equipo del barrio de la Asunción y lo quiso fichar el Valencia-, pero finalmente el camino lo llevó a ser policía.

Entre medias, siguió los pasos de su padre y entró en el ejército. Fue cabo primero en la Policía Militar, lugar donde ayudaba al soldado, pasaba revista y los formaba. Ahí se dio cuenta de que eso no era lo que buscaba en su vida. “Pensé: esto no es lo que yo quiero, a mí me gustaría ser policía para ayudar”, recuerda Marín. Tras superar varios exámenes y estar destinado a Las Palmas, llegó a Ourense, donde este 12 de septiembre cumplirá 35 años como Policía Nacional. Después de más de tres décadas, ve su final más cerca y cada día reflexiona sobre cómo va a ser.

Piensa en todo el camino recorrido, aunque para él su legado más importante es que sus hijas conozcan el trabajo que realizó su padre. “Quiero transmitirles que la vida es luchar, nunca nadie te va a regalar nada”. A él le quedan menos de dos meses para cumplir los 59 años, pero ya tiene clara una premisa: “Moriré como policía porque es lo que sé hacer y lo que me va a quedar”, asegura.n

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