INSEGURIDAD Y CRIMINALIDAD
En el barrio ourensano de As Camelias “se vende la droga más barata de Galicia”
MENUDEO, ROBOS O VIOGÉN
La evolución delictiva responde a principios criminológicos claros de oportunidad y necesidad. La constante presión ejercida en los últimos dos años por las fuerzas de seguridad sobre el barrio de Covadonga -histórico búnker de la distribución de sustancias estupefacientes, sobre todo heroína y cocaína, en la ciudad- ha reconfigurado de forma directa el mapa delictivo de Ourense. El cerco sobre la “zona cero” del menudeo ha desencadenado un evidente efecto estampida, forzando a los vendedores y compradores a desplazar su actividad hacia puntos situados a unos cuatro kilómetros de distancia, como la zona de As Camelias, donde las denuncias vecinales por la presencia de toxicómanos se han intensificado.
En paralelo, el barrio de O Couto continúa siendo un escenario latente de compraventa de droga; muestra de ello fue la detención este lunes de un vecino por tráfico al por menor de cocaína y hachís en la avenida de Portugal.
Este desplazamiento del tráfico de sustancias ha ido acompañado de una serie de delitos contra la propiedad motivados por la necesidad económica inmediata. La adicción a drogas como la heroína genera una situación de profunda desesperación en los consumidores, que buscan vías de financiación rápida para costear sus dosis diarias.
Se trata de una delincuencia de subsistencia y oportunidad que no solo explica la proliferación de robos en el interior de vehículos estacionados en áreas como O Posío o el barrio de O Vinteún, sino que también fomenta “hurtos al descuido en obras de construcción, portales y garajes que quedan abiertos”, asegura un agente policial. Asimismo, los asaltantes han encontrado un blanco fácil en los locales 24 horas, escalada que culminó recientemente con la detención de un hombre in fraganti tras reventar cajetines con una radial en lavanderías automáticas de Barrocás, A Carballeira, A Residencia y el centro urbano.
La dispersión del delito hacia el extrarradio también tiene un impacto directo en las viviendas. Según el análisis de las fuerzas de seguridad, los robos con fuerza en domicilios tienden a concentrarse en las zonas más periféricas de la ciudad. Este fenómeno encuentra su principal radio de acción en barrios como Barrocás, el entorno de Lagoas y las áreas exteriores de O Couto, como la zona de Rabo de Galo.
Por otro lado, el epicentro de la ciudad presenta una fenomenología diferente, desvinculada del menudeo periférico. Durante el día, en las arterias comerciales y de mayor tránsito peatonal, el delito predominante es el hurto. Los delincuentes operan de forma metódica, aprovechando el bullicio y el despiste de los viandantes, aunque las autoridades advierten que también se producen ocasionales robos con violencia o intimidación que suelen tener como víctimas a personas mayores.
Al caer la noche, el perfil cambia. En el Casco Viejo se registran más delitos de lesiones y riñas tumultuarias. Las fuerzas policiales aclaran la naturaleza de las infracciones: “No hay un aumento estructural de la violencia en estos meses, sino que se mantienen en sus niveles habituales concentradas en los entornos de ocio nocturno durante los fines de semana. Son altercados puntuales favorecidos por la aglomeración, pero, sobre todo, por el consumo de alcohol y drogas”, contexto de desinhibición que también explica los frecuentes episodios de desobediencia y atentados contra la autoridad que denuncian las fuerzas de seguridad.
Ante esta dispersión del problema, donde la erradicación de un foco histórico ha derivado en múltiples frentes abiertos por toda la ciudad, colectivos vecinales y comerciantes insisten en la necesidad de un plan de patrullaje global para abarcar de forma integral todos los barrios.
El mapa criminológico de Ourense cuenta con una variable imposible de zonificar: la violencia de género. A diferencia de los robos o el menudeo, que responden a dinámicas de oportunidad y ubicación, las agresiones machistas se producen de manera transversal en todos los barrios por igual, escapando a cualquier intento de delimitación espacial. El caso más grave registrado estos meses ocurrió el 17 de junio, una tentativa de asesinato en la calle Monte Seixo, en el barrio de San Francisco. Una mujer fue agredida brutalmente por su expareja delante de sus hijos pequeños. Este accedió al domicilio con una llave que tenía en su poder del piso que había sido su hogar familiar y la atacó de forma sorpresiva en el interior con un cuchillo y una sartén de hierro.
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